Pedagogía de la Fe: Capítulo 1. La misión evangelizadora de la Iglesia

1. La Evangelización

La Iglesia, sacramento universal de salvación por voluntad de Cristo, existe para evangelizar (Cfr. EN 29), esto es, para llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad, y con su influjo trasformar desde dentro y renovar a la misma Humanidad (Cfr EN 18).

La evangelización es el primer servicio que la Iglesia ofrece a cada hombre y a la humanidad entera que a pesar de tantas conquistas parece haber perdido el sentido de las realidades últimas y de su existencia.

a. Definición de evangelización.

Para seguir adelante el primer punto que necesitamos aclarar es el concepto de evangelización. Tiene mucho que ver con la catequesis. Pero no son dos cosas iguales. Distinguirlas nos permitirá realizar ambas tareas con mejores resultados.

Evangelización es el proceso por el que la Iglesia, respondiendo al mandato de Cristo y movida por el Espíritu, anuncia y difunde el Evangelio en todos los hombres de todo el mundo (DGC 48); entre los que lo ignoran y entre los que han perdido su identidad cristiana.

Dicho así, aparece como una tarea muy amplia. Y, efectivamente, lo es. No es amplia sólo porque quiere llegar a todos los hombres a lo largo y ancho del planeta. Es amplia también porque abarca múltiples actividades. Porque para que la Iglesia alcance su finalidad, que es salvar a todos los hombres, necesita desarrollar tres grandes tareas: sin disociar ninguna del conjunto de actividades pastorales y misionales.
  • Enseñar y difundir entre los hombres el mensaje de Cristo.
  • Santificar a los hombres distribuyéndoles la gracia, para que el Evangelio trasforme sus corazones.
  • Guiar a los hombres hacia Dios en las variadas situaciones de su vida para que l vivan más de acuerdo con el Evangelio.


Es obvio que estas tareas no se cumplen solo con palabras. Se realizan con obras y palabras. Con testimonio y anuncio, con enseñanza y compromiso personal y social (DGC 39).

En una palabra, evangelización es la comunicación del Evangelio hecha vida. Planteada en términos de comunicación, podemos sacar ya algunas conclusiones importantes que dan soporte a toda labor evangelizadora:
  • El comunicador esencial, el evangelizador por excelencia es Dios. Nosotros, como agentes humanos evangelizadores somos colaboradores de Dios. Por eso, no podemos tener resultados si no vivimos en sincera y fuerte unión con Dios.
  • El evangelizador humano tiene que ser fiel al mensaje y plan de Dios. No puede cambiar el mensaje del Evangelio a su parecer, ni siquiera en algún aspecto que moleste a la mentalidad de quienes escuchan sus palabras.
  • Pero tampoco puede exigir a las personas que vayan más veloces que la gracia de Dios: tiene que tener paciencia y acomodarse al paso de la gracia, mediante una catequesis fundada en lo esencial, hecha gestos y palabras sencillas capaces de llegar a todos los corazones.
  • El evangelizador tiene que poner todos sus talentos humanos al servicio de la acción evangelizadora. Por eso, yo evangelizador debo ser educado, debo prepararme, debo amar los valores humanos, debo cuidar mi salud y mi familia, etc.
  • El evangelizador debe inculturizarse para presentar correctamente el mensaje evangélico que debe transmitir. Es decir, debe adaptarse a la mentalidad de sus destinatarios, convivir con ellos, conocer su historia y sus tradiciones, etc.
  • El evangelizador debe elegir el canal correcto para llevar el Evangelio. Porque los canales cambian según las comunidades y culturas.
  • Para respetar la libertad del destinatario, la evangelización debe centrarse en el testimonio de vida y la santidad del evangelizador. De lo contrario parecería un fariseo.


2. El proceso de la evangelización.

La Iglesia, aun conteniendo en sí permanentemente la plenitud de los medio de salvación, actúa según un proceso gradual estructurado en etapas progresivas (Cfr EN 52).

A. Primera evangelización:

La primera evangelización fue la gran tarea de los primeros Apóstoles. Y al núcleo del mensaje salvador que ellos predicaban lo llamamos "kerigma".

Es la primera presentación del mensaje evangélico y tiene por objetivo provocar la conversión a Cristo. Es obvio que esta tarea se realiza sobre todo en las tierras de misión. Pero no es excluyente porque también hay muchos bautizados en ambientes tradicionalmente cristianos que nunca se han planteado personal y seriamente seguir a Cristo o no. Por eso, también se puede hablar de una primera evangelización para los bautizados que necesitan hacer una opción consciente y, por lo tanto por primera vez, por Cristo.

Así pues el primer anuncio se dirige a los no creyentes y a los que de hecho viven en la indiferencia religiosa. Asumiendo la función de anunciar el evangelio y llamar a la conversión.

B. Catequesis:

Los que optan por el evangelio necesitan completar o reestructurar su iniciación en la fe y en la vida cristiana en otro ministerio de la palabra. Y esta actividad es precisamente la catequesis, cuyo objetivo es la profundización en el mensaje evangélico integral, hasta llegar a la madurez en la fe.

La catequesis, como continuación del primer anuncio del evangelio, promueve y hace madurar la conversión inicial, educando en la fe al convertido e integrándolo a la comunidad cristiana (DGC 61). De hecho es la que pone los cimientos de la fe (DGC 64), pero va más allá, de las certezas básicas esenciales, a la formación orgánica y sistemática de la fe.

Más que una enseñanza es el aprendizaje de la vida cristiana en su dimensión integral que propicia una auténtico seguimiento de Cristo centrado en su persona y en los valores evangélicos fundamentales (DGC 67).

C. Predicación:

Es la acción pastoral que tiene por objetivo la educación permanente en la fe de los fieles cristianos ya maduros e integrados en el seno de la comunidad (Cfr DGC 47-49).

Su objetivo es ayudar a vivir con intensidad la celebración litúrgica o el proceso de conversión que se está experimentando en el presente. Por eso, si bien es verdad que la predicación en la liturgia y en los momentos de oración sirven para profundizar en la fe, no se deben convertir en catequesis, aunque tengan su dimensión educadora de la fe.

D. Teología:

Es el estudio científico y metódico de la fe.

Como es estudio, se realiza sólo con la inteligencia. Como es científico, requiere de un método y de una terminología específica. Como es sobre la fe, presupone que se tiene ya la fe.

Es obvio que teología y catequesis tienen en común estudiar la fe. Pero tienen dos diferencias grandes: el objetivo y el método. Porque la catequesis busca educar la fe, no sólo estudiarla. como hace la teología. Y el método de la catequesis armoniza la acción de la inteligencia y de la voluntad, mientras que la teología se centra casi exclusivamente en la inteligencia.

De alguna manera, hemos visto la catequesis hasta aquí en referencia a otras actividades propias del ministerio de la palabra en la Iglesia. Pero es oportuno que definamos mejor qué es catequesis, para poder profundizar en este mundo fascinante de la educación de la fe.

Estas diferentes actividades que realiza la Iglesia para enseñar, nos hacen ver cómo la catequesis no es igual a la evangelización, sino que es una parte de ella. La catequesis ayuda mucho. Pero no se puede quedar la evangelización en la sola profundización del mensaje evangélico.

La catequesis distinta del primer anuncio del Evangelio promueve y hace madurar esta conversión inicial educando en la fe al convertido e incorporándolo a la comunidad cristiana. De hecho es la que pone los cimientos de la fe (DGC 61) pero va mas allá es una formación orgánica y sistemática de la fe, más que una enseñanza es un aprendizaje de toda la vida cristiana, una iniciación cristiana integral (CT 21) que propicia el auténtico seguimiento de Jesucristo centrado en su persona.

La catequesis como formación básica esencial, se centra en lo nuclear de la experiencia cristiana, en las certezas más básicas de la fe y en los valores evangélicos fundamentales (DGC 67).

PARA REFLEXIONAR:

"No todos la interpretamos de la misma manera. Para unos, la evangelización sólo tiene que ver con las cosas exclusivamente espirituales, sólo debe buscar la conversión del corazón, sin propiciar compromisos que transformen la realidad social que está en contra de los planes de Dios. Hay también quienes la consideran como una actividad que sólo debe ocuparse de la promoción humana y social, descuidando los valores espirituales como la oración, los sacramentos o la gracia del Espíritu. Hay finalmente quienes sólo toman en cuenta determinados aspectos, reduciéndola a una forma muy personal e incompleta de interpretarla" (GPCM, 32b).

3. La actualidad de la evangelización.

La nueva evangelización no consiste en un nuevo evangelio, que surgiría de nosotros mismos y de nuestro análisis de las necesidades del hombre. Tampoco consiste en recortar del evangelio lo que parece difícilmente asimilable para la mentalidad de hoy. La novedad no afecta al contenido del mensaje del evangelio que es inmutable, pues Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre. Esta novedad afecta al estilo, al esfuerzo y a la programación o sea al ardor, a los métodos y a la expresión.

Hablar de Nueva Evangelización, tampoco significa que la anterior haya sido inválida. Significa que hay desafíos nuevos a los cuales es hoy urgente responder. No significa proponer un nuevo evangelio diferente al primero. Hay un solo y único evangelio del cual se pueden sacar nuevas luces para los problemas nuevos y tiende a formar comunidades maduras en la fe y dar respuestas a la nueva situación que vivimos, provocada por los cambios sociales y culturales de la modernidad.

Si una tarea especifica tiene la nueva evangelización es la de suscitar la adhesión personal a Cristo y a la Iglesia de tantos bautizados en su seno que viven sin energía el cristianismo, porque han perdido el sentido de la fe, e incluso ya no se reconocen como miembros de la Iglesia y llevan una existencia alejada de Cristo y del Evangelio (RM 33).

A REFLEXIONAR:

"En la actividad pastoral, la catequesis es una forma de acción eclesial que trata de llevar a la madurez de la fe tanto a las comunidades como a los individuos. Por la catequesis las comunidades cristianas logran un conocimiento más profundo y más vivo de Dios y de su plan salvífico cuyo centro está en Cristo, Verbo de Dios Encarnado, y se consolidan alcanzando una fe madura e ilustrada, haciendo a la vez partícipes de esa fe a los hombres que desean abrazarla.

Para cualquier hombre cuya alma se abra al mensaje evangélico, la catequesis es el medio más apto para captar el plan de Dios en su propia vida y descubrir el significado último de la existencia y de la historia, de suerte que tanto la vida de los individuos como la de la sociedad se ilumine con la luz del Reino de Dios, se adapte a sus exigencias y pueda conocer el misterio de la Iglesia como la comunidad de los que creen en el Evangelio. Todos estos aspectos determinan las tareas específicas de la catequesis" (DGC 21).

4. Los retos actuales de la evangelización

El anuncio de Jesucristo, en el centro de la historia de personas y pueblos, se hace siempre dentro de un contexto y una dinámica histórica. Es evidente que la evangelización se apoyó en los distintos pueblos en aquellos elementos que permitían la comunicación de la fe cristiana.

Respecto a la situación actual, en palabras del P. Javier García, la Iglesia en América ha de hacer frente a un triple derrumbe: de una estructura socio-cultural, de una estructura moral y de una estructura religioso-eclesial.
  • Derrumbe de una estructura sociocultural:
    El paso de una sociedad agrícola a una sociedad urbana está suponiendo el cambio de una mentalidad cristiana tradicional a una mentalidad laica y pragmática. En efecto, en la sociedad agrícola todo ayudaba al cristiano a vivir su propia fe religiosa: el ambiente familiar y social, las tradiciones, la religiosidad, los valores, todo llevaba el sello cristiano. En la sociedad urbana predomina la lucha por mejorar el propio nivel económico, el dinero y el tener se convierten en el primer valor, la sed de disfrute inmediato arrastra inconteniblemente.
  • Derrumbe de una estructura moral:
    De una visión moral unitaria, inspirada en los valores evangélicos estamos pasando a una visión pluralista, subjetivista, relativista, inspirada en una nueva escala de "valores": el dinero, el tener, la libertad desgajada de la verdad; y por nuevos modelos de vida: el éxito, el culto al cuerpo, el disfrute inmediato. Es decir, una moral guiada por "consensos mayoritarios" y hecha a la medida de cada cual.
  • Derrumbe de una estructura religiosa y eclesial:
    El paso de un ambiente cristiano único y unitario a un "pluralismo religioso" con una miríada de ofertas religiosas. El hombre de hoy de México y de América se encuentra ante una suerte de "supermercado religioso", en el que aplica el expeditivo "método" del "sírvase Ud. mismo", terminando por construirse un credo religioso a su gusto. Causa y efecto a la vez es la crónica ignorancia religiosa de nuestro pueblo, el constante debilitamiento en su fe católica, los nuevos "mentores o maestros de su fe" ya no son el párroco, los padres de familia, los maestros de la escuela, la Iglesia, sino los mass media, los intelectuales del momento, la gente del espectáculo y del deporte, el partido, los políticos y los legisladores. Por otro lado, la escuela, el deporte, la TV, el trabajo, la discoteca ya no dejan espacio para ir a la parroquia y para profundizar en el conocimiento y vivencia de su fe cristiana.


El hombre actual, religiosamente hablando, está a la intemperie; ya no lo arropa un clima de cultura cristiana. Está expuesto al bombardeo cruzado de múltiples propuestas de confesiones religiosas, substitutos y lenitivos de su conciencia. Nunca como hoy proliferan y se multiplican las sectas o las religiones tradicionales no cristianas; nunca como hoy ha sido tan intenso el proselitismo de las confesiones cristianas no católicas.

Ante este terremoto cultural, moral y religioso, nos preguntamos desde la responsabilidad del Evangelio de Jesucristo que hemos de anunciar: ¿qué debemos hacer? La respuesta es frente al debilitamiento de la fe católica, el empuje de la nueva evangelización y el desafío de una cultura cristiana. Porque el clima social en que actualmente vive el pueblo de América es un clima de creciente secularismo y neopaganismo, o, con una imagen ecológica, cada día avanza más la "desertificación" de la cultura cristiana. Se hace, pues, indispensable y urgente una nueva evangelización para afrontar el reto gigantesco de volver a dar un alma cristiana a la sociedad actual.

Y está también el reto de la nueva evangelización frente al empuje de las sectas. Llama la atención su proselitismo compulsivo, que no siempre respeta la libertad de juicio y de conciencia de las personas y que no sigue un juego limpio en relación al pueblo católico sencillo: aprovechándose de su ignorancia religiosa, le pone” trampas" a su fe, o aprovecha de su pobreza y miseria extrema para hacer un trato innoble de ayuda material a cambio del abandono de su fe católica y de su adhesión al nuevo credo.

Esto no nos oculta el hecho de que las sectas vienen a cubrir ciertos vacíos pastorales por parte nuestra, como la atención religiosa en parroquias a veces masiva y despersonalizada, las débiles estructuras de comunión y misión, la religiosidad popular no suficientemente evangelizada, la pastoral orientada casi exclusivamente, en algunos casos, hacia logros materiales y sociales a costa del anuncio pascual de conversión y resurrección, la falta de un anuncio kerigmático de la fe gozoso y de un testimonio que haga creíble la evangelización. De aquí la necesidad de pasar de una fe consuetudinaria y de tradición a una fe consciente, acogida y vivida personalmente.
Autor: Salvador Hernández
Fuente: catholic.net 

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