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Catequesis

PEDAGOGÍA DE LA FE

Capítulo 1. La misión evangelizadora de la Iglesia 

Capítulo 2: La Catequesis en el Proceso de Evangelización

Capítulo 3: Criterios para la presentación del mensaje evangélico en la catequesis

Capítulo 4: Los elementos fundamentales de la catequesis 

Capítulo 5: Postulados fundamentales de la pedagogía de la fe

Capítulo 6. Elementos de la Metodología.

Capítulo 7. El perfil del Catequista

Fuente: Catholic.net

Pedagogía de la Fe: Capítulo 6. Elementos de la Metodología. 5. La Promoción Catequética

5. La Promoción Catequética

La historia de los mecanismos que mueven la catequesis actual nació en el Concilio de Trento. Los Padres conciliares desearon estimular la catequesis. Y propusieron crear escuelas para los niños en las parroquias. Como todos proyectos, tuvo sus ventajas y sus inconvenientes. Como ventajas, se impulsó la educación de la fe de los niños; además, ante el empuje protestante, la escuela parroquial de catequesis garantizaba una doctrina más cercana a la Iglesia Católica. Los inconvenientes fueron descuidar un poco la catequesis de adultos y la catequesis familiar. Es decir, los papás se fueron acostumbrando a llevar a sus hijos a la escuela parroquia y, en cierta manera, a despreocuparse, dejando la catequesis en manos de los sacerdotes y religiosas.

Pero el mundo ha cambiado. Hasta hace pocos decenios, los papás se preocupaban de que sus hijos fueran a recibir el catecismo. Hoy, en un mundo más lejano de Dios, hay muchos católicos alejados de la vida eclesial. ¿Quién les educará en la fe, si ellos no tocan a la puerta de la parroquia?. Es urgente salir de nuestra atmósfera religiosa y recorrer las calles de nuestras ciudades poco creyentes; llamar a las puertas de las familias bautizadas y no evangelizadas; buscar a las personas sin esperar a que lleguen hasta nuestra oficina parroquial.

Por eso, toda actividad evangelizadora debe tener una primera etapa de promoción. Es decir, debemos promover nuestros proyectos y nuestras actividades para asegurar que vienen las personas que lo necesitan. De lo contrario, estaríamos "salvando a los que ya están salvados", como decía simpáticamente un diácono permanente. Es obvio que todos necesitamos la salvación. Pero hay personas que se hallan más alejadas de Dios o de las actividades eclesiales que otras.

De todos modos, recordemos que la acción evangelizadora nunca es una acción de publicidad y propaganda meramente humana. La acción más fuerte e importante es el testimonio del cristiano. Por eso, nada puede sustituir el encuentro directo de persona a persona para invitar a una actividad de catequesis o de evangelización.


A. Diversas formas de promoción catequética.

No basta con programar bien los cursos que vamos a dar. También debemos salir a la calle a buscar nuevos alumnos para nuestras actividades evangelizadoras. Vamos a llamar actividades de promoción a todas las acciones que sirven para atraer más personas a los cursos de evangelización y catequesis.

Si queremos realizar una evangelización de carácter misionero, debemos trabajar para atraer, sobre todo, a los alejados. Sabemos que la catequesis tiene como un objetivo importante incorporar viva y activamente al cristiano en la vida de su comunidad. No se trata sólo de lograr la conciencia, en cada catecúmeno, de pertenecer y responsabilizarse con su comunidad. Se trata también de acercar a las ovejas lejanas al redil de Cristo. Por eso, debemos luchar mucho por organizar buenas actividades de promoción que permitan educarse en la fe a tanta gente necesitada.

Las actividades de promoción forman parte de todo un programa de evangelización o catequesis. Pero conviene elegirlas y prepararlas con detalle. Sugerimos diversas actividades de promoción. Muchas de ellas ya fueron presentadas como medios de promoción para la primera evangelización para los cristianos alejados. Nosotros las presentamos ahora con un matiz más general, para entrar en contacto con muchos cristianos y facilitar la promoción y asistencia del mayor número a los cursos de evangelización y catequesis:

a) Misiones de evangelización:

Son actividades a suscitar el interés por la fe y fortalecer la fe de una comunidad entera, sea una colonia. un rancho o toda una parroquia. Estas misiones de evangelización tienen un marcado carácter de promoción, pues permiten entrar en contacto con muchas personas que viven alejadas de la práctica eclesial y motivan mucho a impulsar la vida cristiana. Es decir, resulta sencillo tener más alumnos en cursos de catequesis después de crear un ambiente motivador y comprometedor por la misión.

Una misión de evangelización exige estos elementos:

- Asegurar la participación del párroco, tanto en la preparación como en su acción ministerial durante la misión (Misas, confesiones, etc.)
- Disponer de un grupo de misioneros (diez o quince jóvenes de grupos parroquiales o catequistas) que dirijan y animen las actividades. Deber n tener una buena preparación y motivación.
- Organizar la publicidad y hacer avisos desde varias semanas antes: colocar cartelones en las esquinas de las calles, avisar en la Misas, etc.
- Programar las actividades: visitas de casa en casa durante las mañanas para dar una atención personal a las familias, invitar a las actividades y hacer un censo parroquial; Misas, Paralitúrgias y celebraciones; Rosario de la Aurora; reuniones de niños, de adolescentes, de parejas, etc.
- Preparar los materiales necesarios: pósters, papelería, listas para censo, posibles estampas, etc.
- Definir cuáles puntos interesan al párroco para el censo.
- Una buena misión puede realizarse en tres o cuatro días.

Este planteamiento de una misión puede parecer costoso de tiempo, personas y dinero. Es verdad. Pero tengamos en cuenta que todo tiene solución en esta vida. El tiempo es el contributo que nosotros vamos a ofrecer como servicio a la Iglesia. Las personas debemos buscarlas entre los grupos parroquiales y personas que hacen apostolado en la parroquia. Y el dinero debemos buscarlo por la contribución de la parroquia u organizando alguna actividad que nos proporcione algunos fondos. Pero recordemos que el dinero nunca debe ser obstáculo para frenar la evangelización. Y lo que necesitamos no es mucho: un poco para estampas o algunas hojas fotocopiadas.


b) Celebraciones de la Religiosidad popular.

Las personas participan comúnmente con intensidad en las procesiones, los novenarios, las peregrinaciones o las tradiciones locales. Pero no siempre ponen especial atención al compromiso cristiano que les pide esa celebración. El evangelizador puede despertar este compromiso precisamente a partir de los ritos y mecanismos de la celebración misma. Y es ahí donde puede presentar la conveniencia de dar continuidad a la celebración con un curso más serio y programado.

El trabajo de la invitación persona a persona y de la motivación a mantener el compromiso de fe que tiene la celebración, son los dos mecanismos que dar n mejor resultado para que la religiosidad popular sea un buen medio de promoción.


c) Celebraciones paralitúrgicas:

Hay celebraciones que preside el laico porque el sacerdote no puede estar presente. Las personas que asisten a estas celebraciones tienen interés por crecer en su fe. Es muy interesante utilizarlas para promover e invitar a los cursos de evangelización y catequesis. Incluso, puede realizarse la catequesis antes o después de la celebración. He aquí algunos ejemplos de paralitúrgias:

- paralitúrgias de la Palabra, especialmente los domingo o fiestas.
- paralitúrgias penitenciales, sobre todo en Adviento y Cuaresma. Pueden ser salmos penitenciales con oraciones de petición y cantos; puede ser un Via Crucis; puede ser una letanía especial, etc.
- paralitúrgias navideñas, como las pastorelas o posadas.
- paralitúrgias de oración, como el rosario, una procesión, etc.

Muchas veces, las paralitúrgias forman parte de las celebraciones de religiosidad popular. En cierta manera, son dos actividades muy parecidas y se pueden intercambiar las sugerencias que hemos dado para unas y para otras.


d) Celebraciones litúrgicas masivas.

Las celebraciones patronales, la festividad de la Virgen de Guadalupe, la llegada del nuevo Obispo... provocan la asistencia de muchas personas a alguna ceremonia litúrgica. No suele ser muy efectivo comprometer a las personas en esos momentos para un curso de evangelización y catequesis. Pero puede servir para darlo a conocer. Los avisos que suelen darse en estas ocasiones suelen resbalar sobre las personas, pero llevan la información a la mayoría. Después, ser más fácil explicar e invitar directamente a los cursos.

e) Peregrinaciones.

Muchos fieles descargan toda su devoción en la peregrinación anual. Y muchos de ellos no llegan a comprometer su fe más allá de algunos aspectos morales o rituales de su fe. Las peregrinaciones son una excelente oportunidad para hacer ver a los cristianos la necesidad de formarse y dar solidez a su fe. Puede realizarse una catequesis directa durante la peregrinación, sobre todo si se puede disponer de un megáfono para explicar algunos elementos de la fe durante las pausas nocturnas y, sobre todo, una vez llegados al destino.

Para darle continuidad, la labor de convencimiento para asistir a un curso necesita una atención más personalizada y directa cuando termine la peregrinación, como sucede con toda actividad masiva. Pero ayuda mucho escribir los nombres y direcciones de las personas que expresan su interés por tener un curso posterior.


f) Actividades presacramentales

Muchos católicos acuden a las actividades presacramentales por compromiso u obligación. Además suelen ser actividades muy cortas, sin profundidad por falta de tiempo. Por eso, puede ser una fuente natural para obtener personas para nuestros cursos de catequesis. Así pues, las pláticas prebautismales pueden ayudarnos a obtener parejas que necesiten una catequesis de adultos; las pláticas prematrimoniales pueden motivar a los jóvenes a un curso sobre la vida cristiana; y los cursos de preparación a la primera comunión o confirmación pueden tener continuidad con la catequesis de perseverancia.


g) Teatro leído o actuado.

Es muy difícil realizar el teatro actuado. Exige trabajo y dinero para disponer de vestuarios, escenarios... Pero es mucho más sencillo organizar el teatro leído. Consiste en un grupo de personas que leen una obra de teatro, participando cada una como uno de los personajes de la obra. No necesita memorizarse, ni vestuario, ni gastos especiales. Sólo requiere personas que lean con vitalidad y adaptándose al tono del personaje que personifican. Se sientan en un estrado con un cartelito delante que presenta el nombre de su papel. Y eligiendo obras de fuerte sentido cristiano, precediéndolas y concluyéndolas con una buena explicación, pueden motivar a muchas personas a participar en nuestros cursos, sobre todo a quienes no suelen acercarse a las actividades religiosas.

La motivación para asistir al curso puede hacerse sencillamente: se dice, antes de iniciar y después de concluir la lectura, que la obra ha sido organizada como introducción al curso que se va a impartir. Puede reforzar mucho la motivación si el tema de la obra leída toca directamente la temática del curso, pues se puede discutir con los asistentes al teatro leído las impresiones de la obra y provocar más interés por el curso que va a iniciarse.

h) Visitas a enfermos:

La enfermedad aumenta nuestra sensibilidad. Y nos hace pensar más en el mundo del más allá. Los enfermos no pueden asistir a los cursos. Y muchos de sus parientes tampoco, porque deben cuidarlos. Pero la visita a los enfermos, tanto en sus casas como en le hospital, puede ser un medio muy útil para hacer ver a las personas la necesidad de mejorar su formación en la fe.

La sociedad menos religiosa que nos rodea aleja a muchas almas de la participación en la vida eclesial. Pero su fe late interiormente. Por eso, es fácil encontrar muchas personas en los hospitales deseosas de recibir más alimento espiritual. No visitar n la parroquia para solicitar apoyo para su fe. Pero agradecer n una visita que les deja el pan de la Palabra. ¿Cuántas sectas fundamentalistas captan miembros para sus comunidades en los hospitales?

No es una tarea que aporte resultados de inmediato. Pero deja muchas semillas sembradas. La mejor forma de realizar esta labor es una visita que finalice en alguna sugerencia para vivir la enfermedad más cristianamente y una invitación para formar su fe posteriormente en algún curso de evangelización. Podríamos dar las mismas sugerencias, debidamente acomodadas, que daremos para las visitas de casa en casa.


i) Grupos de animación litúrgica:

Es común encontrar grupos parroquiales comprometidos seriamente con la actividad litúrgica de la parroquia... que no tienen ni una catequesis básica. Podemos verlo en coros, miembros cofradías, etc. Son excelentes candidatos para recibir un curso de evangelización, tanto por su disposición a vivir cerca de la fe como por su acción pastoral.

Además, los grupos de animación litúrgica suelen atraer a otras personas, sobre todo jóvenes, que se convierten en nuevos candidatos para asistir a los cursos.


j) Encuentros de adolescentes.

Las ocasiones en que los adolescentes llegan a la vida parroquial suelen ser con motivo de explícitas acciones evangelizadoras: cursos de preparación para recibir la primera comunión o la confirmación, alguna plática prematrimonial, etc. Pero no siempre reciben otras propuestas de actividades que les atraigan. ¿Qué hacen? Van a ocupar su tiempo en otros ambientes que les ofrecen más recursos de atracción... no aconsejables en muchas ocasiones. Por eso, puede ayudar mucho a su evangelización y catequesis organizar encuentros de adolescentes que les resulten atractivos y sean el punto de arranque para un curso más formal de su educación en la fe.

Dichos encuentros pueden ser muy sencillos, como una reunión semanal en un grupo reducido. O pueden ser más complejos, como una jornada juvenil, con variedad de actividades organizadas con mucho profesionalismo.


k) Pastoral en los Santuarios:

Los santuarios ejercen una fascinación especial para el católico. Los frecuentan. Y llegan con el alma abierta deseando recibir el don de Dios. Un trabajo de promoción en un santuario muy visitado, como puede ser la Basílica de Guadalupe en México, no será muy propicio para la promoción, porque las multitudes impiden un trato cercano. Pero un santuario pequeño, como puede ser la ermita de un cerro, resulta una ocasión magnífica. Porque, si al llegar una persona o un pequeño grupo al santuario, reciben una acogida amistosa de alguien encargado de la promoción en ese lugar, y les platica sabroso, al mismo tiempo que les propone una ocasión de frecuentar un curso para reforzar su fe, es muy probable que d‚ estimables resultados.


l) Pláticas en tiempos litúrgicos fuertes:

Hay épocas del año litúrgico que despiertan interés por la vida espiritual. Organizar, pues, unas pláticas cuaresmales o un retiro de Adviento o una celebración de la Navidad, puede resultar un gancho extraordinario para acercar hacia su formación cristiana a un buen grupo de cristianos.

Es bueno considerar cómo disminuye el interés por estas actividades por causa del secularismo que nos rodea. Es decir, va perdiéndose el sentido por lo sagrado y no atrae una actividad formativa directamente religiosa. Queda un sector de fieles que todavía son sensibles a estas propuestas. Tenemos, sin embargo el riesgo de que asistan... los mismos que ya tienen formación cristiana y, como actividad de promoción, nos sirva poco. No queremos despreciar estas actividades al hacer estas aclaraciones. Sólo deseamos destacar que unas pláticas en tiempos litúrgicos fuertes sirven para los cristianos cercanos a la vida eclesial, pero no servirán para los alejados de la práctica religiosa.


m) Paralitúrgias fúnebres:

Cuando alguien fallece, muchas personas acuden a visitar a la familia del difunto o a acompañar el cadáver. Es muy útil aprovechar esos momentos con la oración y algunas paralitúrgias. Pero también se puede aprovechar para motivar al crecimiento de la fe y a la asistencia a actividades de evangelización. Es obvio que no se trata de aprovechar el momento fúnebre para insistir en la muerte o en las amenazas del castigo divino. Se trata más bien de aprovechar la presencia de muchas personas que quizá no frecuentan la práctica religiosa para promocionar su mejor formación en la fe.


n) Semanas de educación familiar:

Los matrimonios jóvenes suelen ser muy sensibles a cuánto puede mejorar la educación de sus hijos. Los papás con hijos adolescentes tienen serios problemas con sus chamacos que desean resolver. Estas expectativas permiten augurar el ‚éxito de organizar una semana familiar.

Se trata de organizar una actividad el lunes para los niños, el martes para los adolescentes, el miércoles para los jóvenes, el viernes para las mamás, el sábado para los papás y el domingo para todos. La temática, las actividades, la metodología y el resto de los elementos deberán adaptarse a la edad y mentalidad de los destinatarios. Pero puede ser una ocasión extraordinaria para lanzar un buen plan de evangelización para toda una comunidad.


ñ) Domingos familiares:

Consiste en organizar un conjunto de actividades que involucren a toda la familia en el ámbito de una parroquia o capellanía. Tiene un funcionamiento parecido a las semanas familiares. Quizá puede adquirir un tono más festivo y de celebración que no de educación. Juegos, piñatas, sorteos, venta de tacos y la Misa mayor pueden ofrecer un plan atractivo para acercar incluso a los alejados. Y de ahí se puede preparar la invitación a las actividades fuertes de evangelización.


o) Celebraciones grupales de aniversarios:

Se trata de una variante de los domingos familiares, pero con un color muy personalizado que tenga mucho arrastre. Se trata de tomar el libro de matrimonios o de bautizos de la parroquia y sacar una lista de todas las personas que se casaron, por ejemplo, hace diez años. Y se les hace una invitación para celebrar el aniversario todos juntos en la parroquia.

Se organiza una Misa especial en un día señalado, se les invita a que traigan sus tortas, se prevé que haya algunos juegos preparados para los niños y alguna actividad especial para los papás. En dos o tres horas, se logra una convivencia de un grupo muy homogéneo que puede facilitar la formación de un grupo de evangelización o catequesis, tanto para niños como para papás. Y sirve para acercarse tanto a los fieles cercanos como a los alejados de la Iglesia. Porque ¿quién se resiste a una invitación que además no cuesta?


p) Grupos de acción social:

El hombre actual es muy sensible a la ayuda humanitaria y al compromiso solidario. Muchos cristianos ver n con buenos ojos una invitación a colaborar para la mejora de la comunidad. Independientemente de que esta actividad forme parte de la dimensión social de la evangelización, puede ser la oportunidad de invitar a muchas personas a educar mejor su fe, como un complemento necesario a su compromiso social.

Estas actividades pueden ser múltiples: construcción o remodelación del templo, preparar despensas para personas carentes de recursos, participación en una mejora de la escuela, organización de la atención a ancianos, soluciones para drogadictos, eliminación de locales de vicio...


q) Visitas casa por casa.

Las visitas casa por casa pueden hacerse como parte de una misión de evangelización o como una actividad de promoción. Las sugerencias que presentamos sirven para ambos casos:

- Dos personas hacen mejor las visitas, pues se ayudan mutuamente y se evitan chismes.
- Al llegar, indicar que se viene de parte del párroco.
- Presentar una carta del párroco que acredita al visitador. Puede ser una simple fotocopia, pero ayuda mucho para evitar abusos.
- Preguntar si tenían noticia en la casa de que habría esta visita.
No importa mucho si la respuesta es afirmativa o no, pero es muy útil para iniciar la conversación.
- Explicar cuál es la razón de la visita: el Señor Obispo desea que mejoremos el conocimiento de nuestra fe y ha propuesto al párroco de visitar casa por casa a todos los vecinos para presentarles un resumen de la fe cristiana.
- Como en México sólo hay un sacerdote por cada 7.000 católicos, el párroco ha pedido nuestra colaboración como laicos para poder llegar a más familias en la parroquia.
- Al llegar, conviene decir que se visita para promover el conocimiento de la fe, porque es imprescindible para poder vivir la mejor y para evitar que otros cristianos nos confundan con doctrinas diferentes y engañosas.
- Es conveniente dejar un pequeño catecismo o resumen de la fe, después de presentarlo y explicar cómo usarlo. Puede ser una simple hoja fotocopiada con los puntos principales de la fe.
- Preguntar también si hay niños o adolescentes en la casa que necesitan hacer su primera comunión o confirmación, y si hay jóvenes que se van a casar pronto.
- Se aprovecha para invitar a las actividades de evangelización y catequesis que se tienen programadas en la parroquia.
- Antes de despedirse, preguntar si se desea tratar algún otro punto. Preguntar también si necesitan alguna cosa en que la parroquia pueda ayudar a los miembros de la familia y tomar nota.
- Despedirse avisando que regresaremos para ofrecerles más cosas y atender las peticiones que nos ha hecho.
- Concluir con una oración a la Virgen para pedirle por nuestra fe católica, así como un Padrenuestro por el Papa y las necesidades de la familia.
- Al salir de la casa, rellenar los datos del censo parroquial. Es mejor no hacerlo delante de las personas, para que no se sientan controladas. Pero, si hay confianza, podría hacerse ante ellos.
- Si encontramos un hogar no católico, preguntar si todos los de la casa son de la misma religión. Comentar que, si se ofrece algo, est n en la parroquia para servirles. Y marcharse. De nada sirve perder el tiempo de visita en discusiones.


B. ¿Cuáles medios necesitamos?

Un buen programa debe prever cuáles medios materiales van a utilizarse. No nos referimos sólo ni principalmente a los medios económicos. Sobre todo, nos referimos a los medios más inmediatos: libros de texto, catecismo, rotafolios, fotografías, pizarrones, gises... Los catequistas deben precisar qué van a necesitar. Unos materiales serán imprescindibles: por ejemplo, los libros de texto. Otros pueden prescindirse de ellos si no se logran: por ejemplo, las fotografías. De todos modos, el programa debe dejar muy claro qué es imprescindible. Y definir la cantidad, el tipo y todos los datos que se necesiten. Por ejemplo, el programa dirá: "Necesitamos 60 catecismos del libro ´Mi primera Eucaristía´; un pizarrón nuevo de metro y medio de largo; 60 velitas para la primera comunión; 20 cartulinas para las actividades de las clases 6 y 10; 10 cartulinas para la promoción; y cinco plumones para dibujar".

Muchos de estos materiales correr n a cargo del gasto de los mismos alumnos, como ser n los libros de texto. Otros los financiar la parroquia, como son los pizarrones o los gises. Pero otros deber n financiarse por la contribución de todos. Sugerimos crear un fondo para la catequesis que respalde la mejora de materiales. Podría organizarse la colecta de las misas de un día al año para la catequesis o preparar un espectáculo o una rifa que proporcione unas ganancias como ayuda para solventar gastos.


C. ¿Quiénes vamos a realizarlo?

El programa puede descubrir un dato que sucede muy frecuentemente a los catequistas: hay más trabajo que personas para atenderlo. Por eso, es muy útil definir cuántas personas necesitamos para realizar todo el programa. Y, si faltan más personas, debemos preguntarnos cómo las vamos a conseguir y a quiénes vamos a invitar. A este punto, conviene dar una sugerencia muy importante. Si se va a invitar a otras personas para colaborar, es muy importante interrumpir la programación e invitarles a que asistan a una nueva reunión para que participen también ellos en la terminación del programa. ¿Por qué? Porque motiva muchísimo a las personas participar desde el nacimiento del trabajo. Es verdad que estas nuevas personas encontrar n gran parte del programa realizado. Pero su opinión en la realización de la última parte les comprometer mucho más que si llega con todo el pastel cocinado.

Y hay un punto más: como es posible que las personas no deseen comprometerse fácilmente en un trabajo, es más fácil invitar a que "nos ayudes a programar" que no "a trabajar". Es decir, invitamos a programar a quienes consideramos buenos candidatos para ayudarnos. Una vez que participen en la programación, ser muy fácil invitarlos a trabajar en un proyecto en que ya se han involucrado como algo propio. No perder n la libertad de renunciar al trabajo. Pero estarán más motivados.

Y debe quedar muy claro qué tarea va a desempeñar cada una. Es muy grave lanzarnos todos a apagar el fuego... echando inútilmente el agua en el mismo sitio. Unos se encargarán de la promoción, otros de dar los cursos, otros de organizar la rifa, etc.


D. ¿Qué dificultades importantes vamos a encontrar?

Todo programa se enriquece cuando se hace una lista de todas las dificultades que vamos a encontrar. Así es fácil preparar soluciones para cada obstáculo. Puede parecer un paso algo deprimente. Pero es muy realista. En realidad, este paso puede resumirse en la lista de las dificultades más importantes. De todos modos, este paso aporta un gran beneficio: que no se caiga en sueños y utopías irrealizables.

Para realizar la lista de las dificultades, basta que se haga una tormenta de ideas. Es decir, todos los catequistas que preparan el programa deben responder a esta pregunta: ¿Cuáles serán las dificultades que encontraremos para llevar adelante nuestro programa? Se van escribiendo en un pizarrón las respuestas y, después, se seleccionan por votación las más importantes. A continuación, se busca una solución para cada dificultad. Basta una solución, la que resulte mejor en la discusión del grupo.

Vamos a presentar algunas dificultades muy comunes y algunas sugerencias para afrontarlas:

- El estilo o la personalidad del sacerdote con quien hay que trabajar: Es obvio que el sacerdote tiene una autoridad que no podemos dejar de lado, pues nos alejaríamos de la obediencia cristiana. Pero podemos aceptar los límites que nos ponga el párroco y trabajar en el terreno que nos permite. ¡Hay tanto que evangelizar! Además hay que reconocer que todos tenemos defectos y hay que saber convivir con ellos.

- Otra dificultad común en los catequistas es no actualizarse: se repiten las mismas cosas, se usan los mismos programas o textos anticuados... Obviamente hay que romper con estas rutinas. Quizás de un modo sereno y progresivo, poco a poco. Pero no estancarse. Quizás un buen programa sea actualizar serena y adecuadamente a los catequistas, antes de buscar otras metas.

- Es fatal el antitestimonio del catequista: Es fácil hablar y no vivir. Por eso, un programa no puede quedarse en poner metas para educar la fe de los destinatarios o para organizar mejor el centro. También debe cuidar la mejor vida espiritual de los catequistas.

- Hace mucho mal la falta de ortodoxia en la doctrina que se imparta: El catequista es un envidado de Dios. Y no puede utilizar la Palabra del Señor según su parecer. La catequesis debe ser fiel a Dios y fiel al hombre. Y el catequista debe cuidar que la doctrina que imparte no sea buena para él, pero traicione le depósito de la fe católica. Esta dificultad también puede aparecer cuando los contenidos del programa catequístico son parciales. Es bueno asegurar que el contenido de la catequesis mejora en conjunto cada año, aunque la catequesis debe presentar sistemáticamente el mensaje básico de la fe.

- Una dificultad de la que se habla mucho es el dinero. Pero el dinero nunca es problema real. Más bien, el dinero es problema cuando no hay buena organización ni creatividad en los catequistas. ¿Por qué? Porque un poco de dinero se puede conseguir siempre por medio de algunas rifas, de unos puestitos de comida en una fiesta parroquial, de un benefactor que da un donativo... O se suple con una cuota muy baja de cada destinatario. Además, se pueden suplir los gastos para materiales utilizando otras cosas ingeniosamente. Pero, si revisamos todas estas soluciones, dependen de un denominador común: el ingenio y creatividad del catequista. Seamos realistas: en la catequesis, el dinero nunca es problema.


E ¿Qué momentos son los más convenientes?

No se puede trabajar bien sin un calendario bien hecho. Parece muy pesado. Pero es muy sencillo. Pues, una vez que se ha fijado el horario de las clases de cada curso, basta anotar la fecha que corresponder a cada tema y añadir las actividades complementarias: celebraciones, exámenes, días sin clase, fiestas, etc.

El calendario se completa fijando las fechas para hacer trabajos que es necesario hacer para llevar adelante el programa. Por ejemplo, se fija el día para comprar las velitas para la celebración, la fecha para confirmar con el párroco la Misa de primeras comuniones, el día para recoger los catecismos de la librería, la fecha para preparar el estrado del teatro leído, etc. Un buen calendario quita muchos dolores de cabeza. Y muchas improvisaciones disgustosas. En el mundo rural no es muy vital hacer un calendario, pero en el ambiente urbano es imprescindible.



F. Evaluar nuestro trabajo.

Todos los comerciantes cuentan sus gastos y sus ventas al final del día, hacen corte de caja. Y la buena educación de la fe es un negocio más importante. Por eso, debemos evaluar. Y debemos evaluar dos cosas:

- cómo asimilan los destinatarios los objetivos del curso.
- cómo va avanzando el programa de los catequistas.

a) La evaluación de los catecúmenos es necesaria, pues podemos pensar que todo es asimilado y estar equivocados. Tiene tres partes:

- asimilación de la doctrina: es necesaria para evitar pequeños errores que lleven a desviaciones de la vivencia de la fe. Podemos evaluar la asimilación de la doctrina mediante pruebas que nos hagan ver si la doctrina es recibida correcta o se han mezclado errores. No se trata sólo de hacer exámenes para dar una calificación. Se trata de descubrir hasta dónde la doctrina de la Iglesia ya ha sido recibida o... debemos volver a repetirla o a volver a explicarla. Para lograrlo, pueden ser muy útiles los exámenes orales o las preguntas escritas. Incluso puede ayudarnos decir a los destinatarios que no se trata de un examen, sino de un "ejercicio de repaso". También puede ayudar que los catecúmenos expresen una idea que se las ha explicado con sus palabras propias o con un dibujo.

- memorización de los puntos básicos de la doctrina: presupuesta la utilidad de la memorización, conviene resaltar que es un dato fácil de evaluar: o se recuerda o no. A este propósito, conviene insistir que no debemos ser muy rígidos en pedir la palabra exacta. A veces, las personas recuerdan un sinónimo u otra palabra que expresa claramente las ideas. La memorización no es lo más importante en catequesis, pero puede ser el mejor medio para calificar exteriormente el aprovechamiento del alumno, sobre todo con niños.

- aceptación de la fe en el corazón: este punto no lo podemos evaluar. Y es muy bueno repetírselo a los catecúmenos. De todos modos, el catequista puede medir algunos comportamientos exteriores que sean indicio de asimilación interior de la fe: seriedad en la oración, sinceridad en las intervenciones durante la clase, etc. pero, aún aquí, puede haber graves inexactitudes de evaluación.

b) Evaluación del programa preparado por los catequistas: Es necesario saber cómo marcha un programa. Así se podrá acomodar a los cambios que aparecen. La mejor forma de hacerlo es revisarlo después de uno o dos meses de marcha. Lo más importante ser siempre calcular en qué medida se van alcanzando los objetivos prioritarios. Es muy probable que no se pueda tener una buena evaluación hasta terminado el curso. Pero es muy útil hacer un sondeo entre todos. Porque hay que buscar objetivos profundos y actualizar constantemente las metas intermedias y los programas.

También conviene evaluar si se marcha a buen ritmo o se ha retrasado el calendario. Conviene analizar lo que ha ayudado y lo que ha frenado el trabajo. Así podrán hacerse los ajustes con más garantía de ‚éxito. Y, recordemos, toda evaluación tiene una sola finalidad: aprender y mejorar, nunca criticar o echar la culpa a otro de los fallos y retrasos.
Autor: J. Salvador Hernández 
Fuente: Catholic.net

Pedagogía de la Fe: Capítulo 6. Elementos de la Metodología. 4. Cómo realizar programas.

4. Cómo realizar programas.


A. ¿Vale la pena programar?

No podemos viajar sin saber a dónde vamos, cuántos días vamos a necesitar y cuánto dinero necesitamos. Si no preparamos estas cosas, seguro que tendremos problemas en el viaje. No podemos invitar a unos amigos a una fiesta de familia si no sabemos cuántos invitados recibiremos, cuánto dinero tenemos para gastar y cuántas personas caben en nuestro jardín. Si no organizamos un poco nuestra fiesta... dejará muy mal recuerdo a nuestros invitados. Y podríamos seguir añadiendo situaciones de la vida en las que es imprescindible programarnos para tener ‚éxito. ¿Cómo, pues, no será necesario también programar nuestra acción de catequesis? Bastaría recordar la frase del Evangelio: "?¿Quién de Ustedes edifica una torre sin antes calcular los gastos y ver si tiene para acabarla?".

Programar es tan necesario como trabajar. Porque la falta de programación provoca mucha pérdida de tiempo y de energías. Y es una pena dedicarse a la catequesis y tener poco fruto por no organizar mejor nuestros recursos y nuestras metas.

¿Qué es programar? Programar es preparar los pasos necesarios para llegar a una meta. Quien conoce previamente los pasos que debe dar, tiene más facilidad para no dar pasos inútiles. Por eso, programar es conocer bien lo que debemos hacer y preparar cuánto sea necesario para llegar felizmente a nuestra meta.

Podemos programar algo muy complejo, como es la catequesis de toda una diócesis. Pero también podemos programar algo muy sencillo, como es una fiesta de fin de curso. Algunas personas tenemos dificultad para hacer programas. Y otros tenemos más facilidad. Pero todos necesitamos pensar y seleccionar cómo vamos a realizar nuestra actividad evangelizadora. De hecho, todos preparamos de un modo o de otro nuestras actividades. Pero ¡qué bueno es prepararlas bien!. Por eso, la programación debemos verla más como una ayuda que como una carga pesada: si vamos a preparar nuestro trabajo, mejor es aprovechar el esfuerzo que le dedicaremos. Porque la catequesis debe presentar sistemáticamente el mensaje básico de la fe.


B. Límites y posibilidades de la programación.

No podemos programar todo. Trabajamos con seres libres. Y no podemos profetizar cuántos asistirán a nuestros cursos o cuántos aprovecharán bien nuestra catequesis. También podemos hacer un buen programa de catequesis con niños, hay un cambio de horario en las escuelas, y se nos modifica todo el programa. Estas situaciones tan comunes, nos llevan a exponer dos principios básicos:

- El programa es para el hombre y no el hombre para el programa. Por lo tanto, debemos hacer las modificaciones cuando se requieran.

- En caso de duda, respetar lo programado. Podemos caer en el error contrario: hacer demasiados cambios al programa. Y los excesivos cambios confunden a las personas o entorpecen otras actividades. Por eso, si el cambio no asegura mejores consecuencias, mantengamos las cosas como se programaron inicialmente.

Concluyamos lo referente a los límites y posibilidades de la programación subrayando una característica propia de nuestra sociedad actual: el constante cambio. Un programa útil resulta poco eficaz pasados tan sólo dos años. La doctrina siempre es la misma. Y muchos principios fundamentales de la catequesis son estables. Pero hoy es muy necesario tomar las previsiones necesarias porque vivimos en una etapa de transición cultural. Por eso, debemos renovar cada año nuestros programas. No necesitaremos cambiar todo. Bastarán unos retoques. Pero el mundo cambia y los programas deben actualizarse.


C. Pasos esenciales para un buen programa de catequesis.

Hemos definido el programa como preparar los pasos necesarios para llegar a una meta. Para programar bien, pues, sólo se necesita saber cuáles pasos debemos dar y ponerlo en orden. Es claro que no siempre sabemos cómo ser nuestro camino y no podemos prever todos los pasos. De acuerdo. Pero debemos hacer el intento. Así, repitiendo la programación varias veces y comparando lo programado con los resultados, podremos mejorar nuestros programas futuros.

Cada programa tiene un perfil distinto. Pero hay unos pasos comunes que podemos aplicar en todos los programas. Seguir estos pasos comunes permite preparar lo más importante. En concreto, un buen programa puede prepararse con estos pasos:


1.Análisis del entorno, para conocer mejor el trabajo.

2.Fijar los objetivos vitales, para trabajar en lo importante y prioritarios no en lo secundario.

3.Fijar los temas prioritarios, para no perderse en temas sin importancia.

4.Definir a cuántas y cuáles personas deseamos llegar, para conocer dónde está nuestra meta concreta.

5.Fijar el horario y el lugar,para poder invitar con precisión.

6.Decidir cómo hacer la promoción, para que asista mucha gente.

7.Elegir los materiales,para tenerlos a tiempo.

8.Elegir quiénes pueden ayudar, para saber cuáles fuerzas tenemos.

9.Hacer el calendario de actividades, para no improvisar y preparar todo lo necesario con tiempo.

10.Evaluar el programa, para poderlo mejorar la siguiente vez.

Cada uno de estos pasos requiere explicaciones. Las presentamos en los siguientes puntos.


D. Cómo realizar bien el análisis de nuestro entorno.

El análisis del entorno permite elegir mejor los objetivos prioritarios y conocer mejor a los destinatarios. El catequista debe hacerlo con detalle. Porque el catequista necesita actualizarse constantemente para comprender y adaptarse mejor a sus destinatarios. Los puntos fundamentales para hacer bien un análisis del entorno son los siguientes:

a. Datos geográficos:

*¿Cuál es la extensión del área en que vamos a trabajar, el número de habitantes que la pueblan? ¿Cuántas personas viven en rancherías o en la cabecera? ¿Qué distancias hay entre los diversos poblados o colonias en que debo trabajar?

* ¿Cómo es el terreno: hay cerros, llanuras, ríos, lagos...?

* ¿Cómo es el transporte: hay camiones para llegar a todos los poblados o colonias? ¿Hay terracería o brecha? ¿Es necesario transportarse en animales? ¿Hay puentes o es difícil vadear los arroyos? ¿Hay problemas de transporte en época de lluvias, etc?

b. Nivel cultural:

*¿Cómo es la instrucción de la gente? ¿Qué nivel de alfabetización tienen? ¿Hay personas con estudios de secundaria o preparatoria, etc.?

* ¿Hay etnias con idioma o costumbres especiales?


c. Situación religiosa:

*¿Cuál es el porcentaje de bautizados? ¿Cuál es la frecuencia a los sacramentos?

* ¿Cómo es su instrucción religiosa: conocen mucho, poco o nada? ¿Cuánto interés manifiestan por formarse?

* ¿Cuáles grupos parroquiales funcionan?

* ¿Cuáles son las expresiones de religiosidad popular más fuertes en la comunidad?

* ¿Hay sectas? ¿Cuáles y con qué número de seguidores?


d. Situación familiar:

*¿Son estables las familias o hay muchos divorcios y amancebados?

*¿Cuántos hijos suelen tener por pareja? ¿Los educan?

*¿Abundan las madres solteras?


e. Situación social:

* Economía: ¿De qué vive la gente, en qué trabajan? ¿Hay mucha pobreza?

* Política: La gente se preocupa por las elecciones? ¿Cuál partido predomina, etc?

* Seguridad: ¿Hay muchos robos, se matan fácilmente?

* Abusos: ¿Hay grupos que se imponen a la gente o algún cacique opresor?

g. Intereses de la gente:

* ¿Cuáles diversiones, posibilidades de descanso, o gustos predominan?

* ¿Cuáles vicios son más comunes?


h. Valores y antivalores predominantes:

* ¿Qué es lo mejor que tiene la gente del rumbo?

* ¿Y qué es lo peor de esa gente?


i. Factores que facilitan la evangelización.


* ¿Qué ayuda prestan el Obispo o el párroco a nuevos proyectos o a impulsar nuevos esfuerzos?

* ¿Hay experiencias positivas de evangelización que conviene apoyar?

*¿Cuáles expresiones de religiosidad popular o actividades de formación que más aceptan las gentes del lugar?

* ¿Hay actividades de evangelización que son útiles pero que nadie promueve? ¿Cuáles?


j. Dificultades para evangelizar:


* ¿Hay algún grupo o algunas personas que pueden dificultar la tarea de evangelización?

*¿Cuál es el mayor obstáculo que puede encontrarse para llevar a cabo el programa de evangelización? Y ¿tiene solución?



E. Cómo sabemos lo que necesita nuestra comunidad.

La catequesis tiene unas actividades y objetivos que siempre serán fijos de un modo o de otro. Por ejemplo, siempre debemos enseñar a orar, siempre debemos dar cursos de educación básica, siempre debemos preparar a la recepción de los sacramentos, etc. Pero también hay siempre objetivos y actividades que van surgiendo con nuevas necesidades y circunstancias. Por eso, lo primero que debemos hacer, después de terminar el análisis del entorno, es decidir qué necesita nuestra comunidad. Es decir, fijar los objetivos prioritarios de nuestro trabajo evangelizador. Sólo así podremos hacer un programa que dé resultados adecuados a la comunidad.

Es bueno recordar que los objetivos prioritarios deben siempre diferenciarse en vitales y doctrinales. Los primeros buscan lo que debe vivir el destinatario; los segundos buscan lo que deben aprender. Por eso, el catequista debe fijar muy bien qué es lo que desea que vivan y aprendan sus catecúmenos para llegar a mejorar su fe.

Pero es claro que los objetivos prioritarios vitales y doctrinales no se deciden a golpe de corazón. Debemos elegirlos según las necesidades que percibimos más urgentes en nuestra comunidad. Pueden ser necesidades urgentes por los graves fallos que detectamos en su vida cristiana. Pero también podemos precisarlas por las lagunas que haya en su formación. Es decir, o decidimos las necesidades prioritarias porque las cosas van mal o, como van bien, para que vayan mejor. Porque siempre hay que buscar los frutos de catequesis adecuados a la etapa de desarrollo cristiano que corresponde a cada persona.

Para fijar bien estas necesidades, conviene volver a repasar los datos de la situación religiosa, familiar y social anotados en el análisis del entorno.


a. ¿Por dónde empezar?: La regla del 80 / 20.

Un programa busca resolver unas necesidades. Busca lograr unos objetivos. Pero no podemos hacer un programa que resuelva todas las necesidades de una comunidad o todos los problemas de una persona. Tenemos que hacer un programa que resuelva sólo algunas cosas. ¿Cuáles? Las más importantes. Por eso, debemos seleccionar cuáles necesidades debemos resolver primero. Así podremos fijar nuestros objetivos prioritarios sobre cuantos tenemos delante.

Pero aún queda una pregunta: ¿Cómo seleccionar bien las necesidades u objetivos prioritarios? ¿Cómo podemos tener la seguridad de haber elegido bien? No puede ayudar mucho la regla del 80 / 20. Esta regla de los comerciantes dice que el 80% de los deudores suelen deber el 20 % del dinero y viceversa. Es decir, que hay dos tipos de deudores: unos pocos que deben cantidades muy fuertes, y muchos otros que deben pequeñas cantidades. La conclusión que saca un comerciante es que debe iniciar el cobro por los deudores grandes, porque son menos y así, en menos tiempo, podrá recuperar la mayor parte de su deuda. Pues, de un modo semejante, el catequista debe aplicar la ley del 80 / 20.

¿Cómo aplica el catequista la ley del 80 / 20? Tratando de atender la necesidad que más afecta a su comunidad. Es decir, hay muchas necesidades en su comunidad. Pero hay dos o tres que, si se resuelven, darán más fruto que si resolvemos otras menos importantes. Por ejemplo, si las sectas invaden a una comunidad, podemos aplicar muchas soluciones para evitar su fatal influjo. Pero, si educamos mejor la fe católica de los fieles, obtendremos más resultados que si tratamos de convencer a todos los pastores protestantes para convertirlo o si tratamos de que todos los fieles conozcan las doctrinas de las variadas sectas que los pueden invadir.

Una forma de asegurarnos que estamos acertando con la ley del 80 / 20 es responder a estas preguntas: ¿Este objetivo resuelve una necesidad o varias? ¿Esta necesidad aparece entre las más importantes de las anotadas en el análisis del entorno de nuestra comunidad? Si resolvemos esta necesidad ¿será más fácil resolver las otras?

No olvidemos que Dios espera de nosotros buena evangelización. Y hay que buscar objetivos profundos y actualizar constantemente las metas intermedias y los programas. Así podremos atender las necesidades prioritarias de nuestra comunidad.


b. ¿A quiénes y a cuántos vamos a educar?

Un buen programa necesita un talante siempre misionero. No podemos conformarnos con atender a quienes vienen a las actividades evangelizadoras. Necesitamos llegar a los alejados. Hay que dar prioridad a las personas sobre la organización o los instrumentos. No podemos limitar nuestra evangelización y sentirnos satisfechos... porque nuestro grupo de catequesis tuvo cinco niños más este año. La catequesis debe ser misionera. Y, para lograrlo, es necesario que nos fijemos una meta bien clara. Y, en este campo, lo más claro son los números. Por eso, debemos siempre proponernos un número de asistentes para cada curso o actividad como meta a lograr de nuestra acción.

Es verdad que el número de asistentes no depende muchas veces de nosotros solos. Pero la Iglesia tiene mucha necesidad de nuestro compromiso misionero. Por eso, necesitamos fijarnos un número que nos permita, una vez terminada la actividad, medir qué tanto fu‚ un avance o un retroceso en la mejor evangelización de nuestra comunidad. Porque, si hay cien niños que necesitan prepararse a la primera comunión y sólo vienen 45 ¿podemos quedarnos satisfechos? Pero, para poder medir si hemos logrado atender la necesidad de nuestra comunidad, necesitamos primero saber el número de niños que necesitan prepararse a la primera comunión y proponernos a cuántos vamos a formar de inmediato. Es decir, necesitamos hacer un buen cálculo con el análisis del entorno y proponernos un número preciso como meta de nuestro curso.

Necesitamos subrayar que nuestro trabajo es con seres humanos y no con cosas. Y los seres humanos son libres. Y pueden fallar. Por eso, no debemos desanimarnos cuando los números de los resultados son inferiores a lo que habíamos calculado. Un fracaso así es doloroso. Pero también es aleccionador: podemos aprender a hacer mejor nuestro cálculo o aprender a mejorar nuestros medios de promoción.


c. ¿En qué lugar y a qué hora?

Podemos impartir la catequesis en cualquier hora y en cualquier lugar. Pero podemos facilitar o dificultar la asistencia de los destinatarios eligiendo mal o bien tanto el horario como el local. Todos sabemos que la catequesis es una actividad comprometedora y, por tanto, difícil. No debemos, pues, hacerla más difícil eligiendo horarios o lugares conflictivos. Por eso, a la hora de programar, debemos tener en cuenta estos puntos para garantizar mejor el ‚éxito de nuestra catequesis:

* Sobre el lugar:

- Podemos elegir cualquier lugar para catequesis: desde un salón parroquial con aire acondicionado hasta debajo de un árbol.
- El lugar no debe tener fuentes importantes de distracción. Las distracciones son diferentes según la edad: los adolescentes se preocupan mucho de los jóvenes de otro sexo que pasan junto a la ventana del salón de clases, los niños se distraen fácilmente cuando cambian de salón o de muebles, etc.
- Es mejor elegir el salón de clases que evite el ruido excesivo, como puede ser de una fábrica cercana o del tránsito pesado de una avenida.
- El lugar no debe ser muy cómodo: los adultos, por ejemplo, se duermen fácilmente en sillas muy acojinadas.
- El lugar no debe ser muy incómodo: si hay muchos moscos, todos se distraen matándolos.
- Los salones deben tener la luz natural del lado izquierdo, para favorecer la lectura y la escritura sin sombras que perjudican la vista.
- El pizarrón debe colocarse de modo que la luz no de reflejos que dificulten la lectura de los alumnos.
- Es importante asegurar un lugar para el curso con buenos medios de transporte si es para personas que vienen de diversos lugares. Si son personas con carro, debe asegurarse el estacionamiento.
- Es mejor crear varios centros de evangelización en una parroquia extensa que concetrar todos los cursos en un lugar, pues se facilita la asistencia de más personas.
- Demasiados objetos en los muros o muebles distraen mucho a los niños y adolescentes.

* Sobre el horario:

- El horario mejor es el que se acomoda a los alumnos, no el que es bueno sólo para el catequista.
- Es de sabios cambiar horario para favorecer la asistencia.
- En caso de conflicto, la solución se encuentra más fácilmente buscándola entre todos, catequistas y catecúmenos.
- Los niños no deben tener sesiones superiores a los 45 minutos de clase. Los adultos aguantan hasta hora y media seguida.
- Los cursos en la noche para adultos no deben durar más de una hora. Puede haber dos sesiones de 45 minutos con un descanso intermedio.
- Evitar la coincidencia de actividades que perjudiquen la asistencia de destinatarios (eventos deportivos, televisivos, celebraciones litúrgicas, etc).
- Es muy útil realizar cursos para niños y para mamás en el mismo horario, sobre todo cuando las mamás llevan personalmente a los niños a la catequesis. Así se unifican horarios y se facilita la asistencia de ambos.

Aún manteniendo fijos todos estos consejos, los catequistas deben esforzarse por conocer bien el mundo de sus destinatarios. Así evitar n sorpresas, como elegir un mal horario o un lugar problemático. Por eso, es necesario hacer bien el análisis del entorno o revisar el que hicimos hace uno o dos años. Porque el catequista necesita actualizarse constantemente para comprender y adaptarse mejor a sus destinatarios.


PARA REFLEXIONAR:

"Como pastores de la Iglesia estos nos preocupa. Al mismo tiempo nos duele ver cómo muchos de nuestros fieles no son capaces de comunicar a los demás la alegría de su fe. Jesucristo nos pide que seamos la "sal de la tierra", la levadura en la masa. Por ello, la Iglesia, pastores y fieles, sin descuidar la atención de los cercanos, debe salir al encuentro de los que están alejados.
Autor: J. Salvador Hernández 
Fuente: Catholic.net

Pedagogía de la Fe: Capítulo 6. Elementos de la Metodología. 3. Consejos metodológicos prácticos para catequesis

3. Consejos metodológicos prácticos para catequesis

Con la finalidad de facilitar la metodología en clase, hemos dividido en tres partes las sugerencias:
A. En general para todo catequista.
B. Para quienes se dedican a los niños.
C. Para quienes se dedican a los adolescentes.

A. Guía de consejos para una clase de catequesis.

1. Cada catequista trabaje en dónde más rindan su capacidad y sus posibilidades.
Suele elegirse para catequista, como dicen, "al que se deja". No vamos nosotros a tratar de cambiar el mundo dando gritos y sombrerazos. Pero conviene insistir en la necesidad de elegir nuestro grupo de catequesis según nuestras capacidades. Si no tenemos carisma para trabajar con niños ¿por qué debemos dar catequesis a unos pequeños que no controlamos? Si tenemos especial carisma para educar adolescentes ¿porqué malgastar nuestro tiempo con unos adultos que no aprovechan bien su catequesis ante nuestra limitación?

No queremos limitar la acción de cada catequista a un sólo campo. El catequista no puede reaccionar con un "ese grupo no es para mí", cuando no hay otro disponible para realizar la tarea evangelizadora con unas personas determinadas. Pero, mientras se puedan combinar las cosas, conviene dedicarse a quiénes mejor nos acomodamos.

2. Cuando las cosas vayan mal, perseveremos.
Perseverar es mantenerse firme hasta el final. Y el catequista necesita perseverar tanto en el esfuerzo para no tirar la tirar la toalla cuando tenemos muchos trabajos y necesidades en el hogar o el trabajo, como cuanto en el esfuerzo de día con día para educar la fe de almas cerradas a la gracia o mentes duras ante el mensaje de Jesucristo.

3. Necesitamos conocer bien a quiénes educamos en la fe desde el primer día.
No podemos conocer completamente a unas personas en un día. Pero el principio catequético de que el catequista debe descubrir las raíces culturales de sus destinatarios nos exige hacer un esfuerzo. Y podemos iniciar su conocimiento más allá de la frontera de su rostro y de sus gestos. ¿Cómo? Es muy importante presentar un pequeño cuestionario el primer día a un grupo nuevo de catequesis. Este cuestionario debe ser sencillo y sin darle demasiada importancia. Pero debe permitirnos conocer los elementos importantes que repercutiráá en nuestro trabajo.

Por ejemplo, a unos niños, podemos preguntarles el nombre, la edad, el número de hermanos, en cuál año de escuela estudian... Puede sernos muy útil conocer si su familia es normal o está desunida, para ayudarles mejor.

No conviene hacer preguntas incómodas muy directamente, pues todavía no hay plena confianza. Pero se puede preguntar indirectamente. Por ejemplo, para queremos conocer si los papás viven unidos, se puede preguntar que escriban la dirección del papá por un lado y la de la mamá por otro. Si coinciden, no hay problema. Pero, si no coinciden, ya tenemos una información importante.

4. El primer día de catequesis, tratemos un tema atrayente.
Es muy importante que el primer día quede un buen sabor de boca. Predispone al trabajo y al interés. Y, desde luego, el primer día no hay que dar una sesión larga.

5. Es muy útil preguntar a los destinatarios sus expectativas ante el curso, durante la primera sesión de catequesis.
Así los catecúmenos se sienten tomados en cuenta y se motivan. Las preguntas que conviene hacer son:

1a. ¿Cuáles el fruto que desearía obtener con este curso?
2a. ¿Qué temas desearía que se trataran?
3a. ¿Tiene alguna sugerencia de lo que quiere que haya y que no haya en este curso?

Es obvio que esta sugerencia es especialmente importante para adultos y jóvenes. Pero puede ser especialmente útil incluso con niños. Nos puede permitir conocer cosas que... nunca nos dirían.

6. Debemos elegir ejemplos y casos que toquen muy de cerca la vida de los destinatarios.
Cuando les hablan a las personas de lo que toca a su vida, ponen más interés y les aclara mejor las implicaciones y alcance del mensaje que reciben. Porque la catequesis debe adaptarse siempre al destinatario.

7. Utilicemos más los hechos, las narraciones y las experiencias que las explicaciones teóricas.
Tenemos que combinar las explicaciones teóricas con las vivencias, porque la catequesis debe lograr el objetivo doctrinal y el vital. Además, en la educación de la fe, ayuda más enseñar a caminar que mostrar la meta. Por eso, es más fructuoso y fácil realizar la catequesis con pocas ideas (muy fundamentales y muy claras) y con muchas vivencias que refuerzan la comprensión e impacto del mensaje evangélico.

8. Es imprescindible exigir trabajos escritos y ejercicios de reflexión.
Los ejercicios escritos pueden ser realizados durante la misma sesión de catequesis o como tarea para casa. Pero son necesarios para fijar los puntos principales de cada sesión. Si los destinatarios son analfabetos, supliremos estos ejercicios por resúmenes y ejercicios hablados.
Los ejercicios de reflexión son necesarios para lograr los dos objetivos de la educación de la fe. Es decir, debe haber ejercicios destinados a reforzar la adhesión de la voluntad al mensaje cristiano y ejercicios destinados a comprender y asimilar dicho mensaje. No basta obtener el segundo, es decir, crecer en la cultura religiosa. Porque la catequesis debe lograr la autoconvicción de la fe.

9. Seleccionemos las dinámicas y técnicas según la cultura y capacidad de los catecúmenos.Hay el riesgo de aplicar técnicas que tuvieron éxito en un grupo y que soñamos tenga éxito también en el que está ante nosotros. Pero debemos ser prudentes: o por diferente edad, o por diversas situaciones, o porque no vienen a reforzar directamente los objetivos de la sesión, podemos caer en la tentación de preferir el espectáculo entretenido sobre la educación de la fe. Y, siempre, hay que dar prioridad a las personas sobre la organización o los instrumentos

10. Si ha sucedido un hecho relevante, arranquemos nuestra sesión comentándolo.
Es obvio que, si ha fallecido una persona conocida por todos los destinatarios, debemos iniciar la sesión recordando la impresión vivida. La catequesis no es algo separada de la vida, sino que es la respuesta de Dios a nuestras historias. Puede llegarse el caso de cambiar, incluso, los objetivos de la sesión por un caso muy notorio. Y es mejor que los catecúmenos expresen primero sus impresiones antes de que el catequista intervenga enriqueciendo la situación. Así es más motivante y constructivo el avance de la sesión.

11. Revisar las tareas de casa durante la sesión, quita demasiado tiempo.
Esta sugerencia tiene especial aplicación para la educación de la fe que se realiza en la escuela. En este caso, lo mejor es revisarlas en otro momento o mientras los destinatarios realizan algún ejercicio. Si la tarea no es muy larga, puede hacerse durante la sesión. Si la tarea buscaba poner las bases para tratar un tema, obviamente se revisará conjuntamente durante el inicio de la sesión.

12. Tengamos muy claro los objetivos de la sesión por encima de todo.
Lo más importante es que se logren los objetivos, el vital y el doctrinal. El resto es secundario. Por eso, nuestra prioridad no debe ser realizar dinámicas espectaculares, explicar mucho la materia doctrinal, lograr una disciplina impecable o terminar todo el programa de la materia. Debemos repetirnos constantemente, mientras preparamos la sesión y mientras se desarrolla, estas preguntas: "¿Vamos por buen camino hacia los objetivos? ¿Esto ayuda a lograr los objetivos? ¿Este punto nos desvía de nuestro tema o desmotiva?".

Así lograremos aplicar el principio de que la catequesis debe llevar a consecuencias prácticas.

13. Es mejor llevar poco material escrito.
Si se tiene mucho material escrito, es fácil caer en una clase leída en vez de testimoniada; es fácil cansar en vez de atraer la atención; es fácil que me alteren mi plan en vez de enriquecerlo. pero no queremos decir que no llevemos nada preparado por escrito. Lo que más ayuda es llevar escrito:

- los dos objetivos.
- la dinámica o técnica de inicio bien precisada.
- el esquema detallado de las ideas.
- las frases relevantes bien redactadas.
- los hechos o narraciones bien elegidos y con las frases centrales redactadas.

14. Siempre que haya una cita bíblica, conviene que sea leída por los mismos catecúmenos en lata voz.
Así se habitúan a manejar la Biblia. Y es más participativo. Con niños, puede ser menos recomendable por la dificultad que encuentran. Porque la catequesis participativa es más eficaz.

15. Cuando sea necesario dictar un texto, debe hacerse despacio y repetirlo varias veces.
Así el destinatario lo pueda copiar correctamente. Pero, como el alumno puede encontrar dificultad, el catequista debe repetir las frases con algunas pequeñas frases introductorias, pero repitiéndola con los mismos términos que la vez anterior. De este modo, el alumno copia con más facilidad y agrado.
Por ejemplo, el catequista inicia diciendo: "Definición: la virtud es un hábito..." y prosigue: "Es decir, la virtud es un hábito..." y añade: "No un hábito de tela, claro está. La virtud es un hábito bueno adquirido por la repetición de actos, porque la adquirimos con ese repetir la acción uno y otro día". Parecer este recurso algo pesado, pero lo es sólo sobre el papel, puesto que la comunicación resulta natural al repetir las frases clave, mientras la atención del destinatario no está sobre la explicación, sino sobre las palabras esenciales que desea copiar.
¿Cuántas veces se oye: "Podría repetir, por favor...?" con el amargo sabor de descubrir la propia lentitud para entender o retener frases. Es muy conveniente que el educador observe cuando terminan de copiar (el destinatario levanta la cabeza o simplemente detiene su pluma) para no adelantarse con el dictado del texto.

16. Es muy importante que todos vean bien al catequista.
Conocí un catequista que, si no todos alcanzaban a verle desde su asiento, daba toda su sesión de pié‚. "Porque, decía, nos distraemos más cuando no vemos a quien habla. Y porque la comunicación de los gestos no la sustituyen las palabras".

17. Hay que escribir y dibujar de lado en el pizarrón.
Cuando escribimos o dibujamos en un pizarrón, todos deben poder leer y ver cómo diseñamos. Basta con apartarnos un poco y dejar que la mano corra sin ocultar lo que escribimos con nuestra cabeza o con nuestro cuerpo. Así todos prestan más atención.

18. El catequista debe responder todas las preguntas.
Es obvio que no es fácil. Pero he aquí algunas sugerencias:

- quien sea ágil, que responda cuanto preguntes sobre la marcha.
- quien no sea tan ágil, deje un tiempo al final para preguntas.
- se puede pedir a los destinatarios que escriban todas las preguntas que se les ocurran, se van recibiendo, guardando y se responden todas en la siguiente sesión.
- si una pregunta se desconoce la respuesta, conviene decirlo públicamente. Se avisa que se consultará. Y se da la respuesta en la siguiente sesión. Así los catecúmenos comprueban la seriedad de su catequista, que cuanto responde es porque está seguro de la respuesta.
- con jóvenes y adultos (raramente con niños) puede ser muy útil rebotar la pregunta al grupo, para que alguien dé su opinión. Este recurso facilita la participación del grupo, descubre las posiciones de algunos destinatarios y puede aportar soluciones interesantísimas e imprevistas. Si nadie aporta respuesta, la da el catequista. Porque la catequesis participativa es más eficaz.

19. Es necesario frecuentar la capilla para orar comunitariamente.
No se podrá hacer todos los días en todos los lugares. Pero es un elemento de contacto directo con Dios que debe vivirse periódicamente. Porque la catequesis debe fundamentar sólidamente la fe.

20. Debemos tener definido todo el programa desde el primer día.
El programa nos permite poder introducir a los catecúmenos en el curso desde el primer día. Y posibilita evaluar dónde nos encontramos y cuáles puntos debemos preparar cada día. Cada catequista debe fijar el programa estructurado muy bien antes de iniciar su labor.

21. Dos catequistas atienden mejor un grupo de catecúmenos.
Así pueden preparar mejor la sesión, suplirse cuando sea necesario, enriquecer la marcha de la sesión y disponer de más recursos para la disciplina con destinatarios pequeños. También es útil como medio para entrenar nuevos catequistas.

22. Debe promoverse siempre la participación de los destinatarios.
Se hace más atractiva la sesión y se asimila mejor. Podemos promoverla con dinámicas, técnicas, etc. Porque, en la educación de la fe, ayuda más enseñar a caminar que mostrar la meta.

23. Debe revisarse el propósito concreto establecido en la sesión anterior.
No se revisa con carácter de examen o para calificarlo, sino como un medio de remarcarlo y descubrir riquezas en las experiencias vividas por los catecúmenos.

24. Conviene evaluar el aprovechamiento de cada sesión al final.
Puede hacerse con algunas preguntas rápidas, resumiendo las ideas más importantes o entregando un cuestionario bien seleccionado que permita revisar los elementos más destacados de la sesión. No se considera tampoco como un examen, sino como un repaso o repaso para clarificar y asimilar. Sirve mucho para reforzar la memoria, concentrar el núcleo doctrinal o repasar el objetivo vital con sus implicaciones principales.

25. Los buenos materiales didácticos aligeran el esfuerzo y dan mucho resultado.
El uso de audiovisuales, de franelógrafos, dibujos educativos, videocasetes, audio casetes, etc, permite atraer más la atención de los destinatarios, involucrarlos en el tema de la sesión, impactarlos emotivamente, reforzar la memorización de los datos, etc.

26. El uso excesivo de audiovisuales debilita la asimilación de la doctrina.
Cuando se usan demasiado los medios audiovisuales, se refuerza el impacto emotivo de los contenidos. Pero la mente pierde estructura y los datos del contenido doctrinal se debilitan. Por eso, los medios audiovisuales debemos usarlos como complemento, no como el eje de la sesión. Porque la catequesis necesita equilibrar la inducción con la deducción.

27. No caigamos en el monólogo.
Los destinatarios se distraen más. No tenemos la garantía de que nos han comprendido. Reducimos las posibilidades de relacionar la doctrina con la vida de quienes nos oyen.

28. Cuando decaiga la atención, narremos un caso o hagamos una pregunta.
Es fácil detectar cuándo decae la atención: los oyentes miran para otros puntos y no a quien habla, cabecean por el sueño, leen, tienen los ojos muy fijos en un punto infinito del horizonte... En cuanto detectemos alguno de estos elementos, narremos alguno de los casos que teníamos previsto presentar. O hagamos alguna pregunta a uno de los oyentes sobre las repercusiones prácticas de la explicación. Por ejemplo: "¿Cree Ud. que la gente de la calle acepta lo que estamos comentando" o "¿Qué aplicaciones prácticas tiene este punto que estamos tratando?". Es muy oportuno hacer esta pregunta a alguien que está atento y, desde luego, que tenga facilidad de palabra. También podemos interrumpir la explicación para preguntar si alguien tiene alguna duda sobre lo que hemos expuesto. Obviamente, no hay que esperar a que sean mayoría los oyentes dormidos o distraídos.

29. No es necesario agotar el tema.
Un catequista debe lograr la comprensión del mensaje cristiano y su aceptación en el corazón de cada destinatario. Es obvio que debe procurarse llenar todo el programa del curso. Pero, en cada sesión, los catecúmenos no tienen por qué conocer todo el contenido o todo el alcance del tema. Sería imposible. Lo importante es lograr la asimilación del núcleo doctrinal y su aceptación en el corazón. Por lo tanto, no nos preocupemos si no alcanzamos a explicar todos los puntos previstos en una sesión.

Así lograremos superar la tentación de dedicar demasiado tiempo y energía a la dimensión intelectual de la catequesis. Porque la catequesis debe equilibrar la presentación de todas las reas fundamentales de la vida cristiana.

30. Aprovechar los antitestimonios para reforzar la actitud de fe.
Los catecúmenos, sobre todo adultos o jóvenes, suelen comentar o escandalizarse ante los hechos negativos de la vida en algunos eclesiásticos o ante las zonas oscuras del mensaje cristiano. El catequista no debe negar o tratar de sobrevolar por encima de estas dificultades. Debe afrontarlas, admitirlas y, desde ellas, hacer ver el lado humano de la vida cristiana y la necesidad de creer más allá de nuestras limitaciones o barreras. Pero tampoco debe dejar de explicar toda la parte explicable que hay en los misterios de la fe o en la complicada trama de fuerzas que componen cada situación, para distinguir el mal aparente sobre el bien escondido.

31. Utilizar textos sagrados fortalece la fe del destinatario.
Leer a los catecúmenos textos de la Biblia, de los Santos Padres o del Magisterio eclesial, acerca a las fuentes de la fe. Es obvio que debemos elegir textos impactantes y atractivos, de lo contrario serán ocasión de distracciones. Y, si no somos capaces de leer con vigor, mejor no hacerlo. Es un buen modo de aplicar el principio de que la catequesis debe usar equilibradamente las tres fuentes de la Revelación.

32. Mucho cuidado con las leyendas.
No está mal aprovechar narraciones didácticas que favorecen la asimilación de ciertos valores. Pero debemos cuidar de no llenar la mente de los destinatarios con leyendas o episodios apócrifos (es decir, inventados) que debilitan los fundamentos de la fe y crearán dudas profundas en el futuro, aunque sean narraciones muy conocidas. Porque la catequesis debe fundamentar sólidamente la fe.


33. Los concursos y juegos facilitan la memorización.
Es necesario memorizar los datos fundamentales de la fe. De lo contrario, se pierde el esfuerzo didáctico de cada sesión: La catequesis debe facilitar la memorización. Para lograrlo, el catequista puede ayudar a los destinatarios a fijar en su memoria estos datos fundamentales mediante concursos y juegos sobre los datos esenciales de la fe.

34. Los materiales de trabajo para una sesión se entregan al momento de utilizarse.
Si entregamos unas hojas o dibujos desde el inicio, que utilizaremos en un momento intermedio de la sesión, muchos se distraerán curioseándolos. Es mejor entregarlos en el momento justo de utilizarlos.

35. Resumamos un punto antes de pasar al siguiente.
Los destinatarios necesitan ayuda para ubicarse en cuál punto del contenido están trabajando. No conviene decir: "Pasamos al segundo punto de la sesión", porque puede provocar una reacción de cansancio en los catecúmenos ("¿Cuántos puntos habrá que aguantar?, pensará alguno). Es mejor decir: "Ya hemos aclarado que... Ahora necesitamos precisar...". Así todos los asistentes a la sesión saben en dónde se encuentran y centran su atención en el apartado exacto del tema en que deben trabajar. Porque la buena catequesis educa la fe concentrándose en lo básico.

36. Alabemos todas las intervenciones correctas de los catecúmenos.
Es muy motivante tener éxito. El catequista debe alabar las buenas aportaciones. No debe hacerlo en forma pomposa y llamativa. Basta un "como muy bien dijo...". La simple alusión al destinatario concreto es muy satisfactoria para él. Le ayuda en su superación personal. Y la catequesis debe favorecer la promoción humana del catecúmeno.

37. Pasemos por alto las intervenciones incorrectas.
Tener una intervención equivocada desmotiva. El catequista no debe darles importancia, si no ha habido mala voluntad. Y, mucho menos, hacer ver que es errónea. Puede decir: "Podemos mejorar la propuesta. ¿Quién tiene otra opinión?" o "¿Todos están de acuerdo con esta propuesta? o ¿Lo echamos a la hoguera por hereje o tiene razón?". Y, desde luego, nunca volver a hacer referencia a esa intervención equivocada.

38. Superemos el propio gusto.
No aceptar un material agradable para el catequista pero que no logre los objetivos de la catequesis. Porque el resultado no es la propia satisfacción, sino la educación de los niños. Por lo tanto, el material debe actualizarse. Aunque nos guste más usar un material antiguo con el que nos identificamos... pero que ya es obsoleto para la mentalidad de los destinatarios y la catequesis debe adaptarse siempre al destinatario.

39. Rezar al inicio de cada clase.
Con mucha devoción. El testimonio no tiene resultados inmediatos. Pero educa mucho.

40. Un pequeño regalo estimula y motiva.
Sobre todo los niños que vencen en concursos o logran mejores calificaciones necesitan verse estimulados. Quienes no lo consiguen reciben más motivación para esforzarse. Por eso, regalar una estampa, un dulce, llevarse a la casa un cuadro de la Virgen durante toda la semana, recibir un diploma, etc, son pequeños premios muy motivantes.

41. Cuida la modulación de la voz.
La modulación de la voz es un factor fuerte de comunicación. Por ella se interpreta el estado de ánimo de quien habla, así como su intención. Nuestro tono amistoso, tranquilo, interesado, expresa nuestro interés y cariño por quienes nos escuchan. Pero si es gritón, amenazante, mecánico, monótono ¿no contagiará temores y rechazo en los catecúmenos?

42. Descubrir las intenciones de una pregunta.
Los destinatarios pueden preguntar para distraer del tema principal, para pasar el rato, por no afrontar el compromiso que viene o por profundizar. El catequistas debe descubrir la verdadera intención de cada caso. De lo contrario, puede ser manejado por unos adolescentes muy hábiles y perder su tiempo; o puede perder la oportunidad de tratar un tema candente y urgente, con más resultado educativo que llenar una página del programa anual.

43. Favorecer la inducción: Hemos insistido en la necesidad de utilizar el método inductivo para favorecer el interés de los destinatarios en el tema y en la finalidad de la sesión de catequesis. La inducción facilita el trabajo.
No debe reservarse este método, sin embargo, sólo para el inicio de la actividad. El método inductivo es muy útil en cualquier momento de la acción educativa. Podemos utilizarlo en cualquiera de sus formas superando exposiciones demasiado teóricas. Por ejemplo, al estar explicando la diferencia entre la verdad y el bien, en una clase de filosofía, el profesor preguntó: "¿Todos los hombres que aman la verdad, tienen un corazón bondadoso?".
Igualmente, al concluir, también ayuda mucho hacer referencia a la realidad de todos los días, para bajar los conceptos al desgastado suelo que pisamos rutinariamente.

44. Buscar la claridad: Las preguntas que planteamos a nuestros destinatarios, las definiciones que ofrecemos, los materiales que empleamos... deben ser muy claros. Debemos evitar el riesgo de caer en la química de las palabras. Esto es, reducir la catequesis a juegos de palabras, como si todo fuera un gigantesco crucigrama, en donde alcanza mejor formación quien maneja mejor el diccionario.
La catequesis nos encamina hacia la transmisión de la Palabra de Dios, hacia la inspiración de motivaciones o hacia la toma de compromisos. Por ello, la claridad de nuestro lenguaje debe facilitar a los alumnos la captación de las informaciones que transmitimos, de los valores que nuestro testimonio directo les expresa o de la toma de decisiones ante los compromisos que les exige la fe.
Pero todo requiere claridad. Claridad no sólo en las palabras que usamos, sino también en el orden en que las presentamos. A continuación, aparecer n algunos recursos que pueden ayudar mucho a clarificar los conceptos o valores que estamos presentando.

45. Explicitar el paso de un punto a otro.
Las personas tienen dificultad en saber exactamente por qué hablamos de algo. El catequista ve claramente la relación entre un punto y otro, porque sigue un proceso mental propio. Pero el alumno sigue el suyo y necesita conocer el del catequista para captarlo. Por eso, el catequista lo debe expresar hábil y sencillamente en qué punto está de su exposición. Puede hacerlo crudamente: "Pasamos al punto tercero". Pero también puede hacerlo con agilidad y claridad: "Dado que hemos definido este punto ¿qué les parece si vemos sus aplicaciones?".

46. Hacer que los destinatarios definan el valor o concepto en cuestión con sus propias palabras.
Había un sacerdote que, para hacer comprender mejor el Credo a sus catequistas, les pedía que se lo escribieran con otras palabras y guardando su sentido original. Y lograremos mucho fruto porque la mejor catequesis es la que relaciona el contenido de la fe con la experiencia del destinatario.

47. Asegurar que los videos, audiovisuales y fotomontajes empleados sean directos, sin muchos temas o subtemas mezclados.
Así se facilita concentrarse en lo esencial y con un esquema simple. La buena catequesis educa la fe concentrándose en lo básico.

48. Plantear preguntas sin doble sentido o sin dos respuestas que desvíen del tema, para evitar las confusiones.
Es diferente plantear una pregunta capciosa para que los alumnos reflexionen que una pregunta que provoca confusiones por no estar bien hecha, es decir, por provocar otras reacciones periféricas no deseadas por el catequista. En caso de darlas, aceptar públicamente el error de haber usado una pregunta confusa. La catequesis debe fundamentar sólidamente la fe.

49. Si la respuesta está al alcance de los alumnos, y ellos piden una aclaración, conviene rebotarles la pregunta para que ellos encuentren la respuesta.
En estos casos, para evitar la posible confusión, no hay que darles pistas para encontrar la solución, pues ellos son capaces de hallar la respuesta. Si insisten en pedir ayuda, lo más conveniente es repetir la pregunta, cambiando sólo alguna palabra por un sinónimo.
Este proceso exige mucha reflexión y esfuerzo a los destinatarios, con el consiguiente avance en su formación. Si la pregunta que hacemos es capciosa, conviene repetirla fríamente, a fin de no descubrir que deseamos provocar la reflexión y el trabajo con una pregunta así. Porque la catequesis debe lograr la autoconvicción de la fe.

50. Salpicar la sesión de buen humor:
Las relaciones interpersonales son básicas para la buena marcha de una actividad grupal. Toda sesión de catequesis es una actividad de grupo (catequista más destinatarios), en donde las relaciones humanas favorecen la eficacia o distraen. El buen humor se logra con pequeñas ´puntadas´, con alusiones simpáticas, etc. No es necesario contar chistes en exceso o provocar una falsa situación cómica que decae en comedia. No debemos sacar una ficha de archivo, como lo hacía un profesor de filosofía, diciendo antes de leerla: "Algo que nos haga reír". La espontaneidad es el mejor recurso. Si algo le parece simpático al catequista en una sesión, que lo diga espontáneamente.

51. Dar pocas indicaciones y fríamente:
Sobre todo cuando se trate de dar normas para un trabajo en grupo o para elaborar una tarea. Conviene dar las indicaciones necesarias brevemente y procurando que sean pocas: las esenciales. Si el trabajo se va a realizar durante el tiempo de la catequesis, el catequista debe marcar un límite muy preciso de tiempo. De otro modo, se aplica la ley de Murphy según la cual el trabajo de una persona se extiende todo el tiempo que se le conceda para realizarlo. Al dar las indicaciones sobre una tarea, el educador no debe dar excesivas explicaciones ni recurrir al humor: estamos en un momento de exigencia. Si el catequista debe dar poco tiempo (por ejemplo, seis minutos para un Phillips 66), mire su reloj y diga fríamente: "Tienen seis minutos para realizar el trabajo. Pueden comenzar". Y continúe mirando su reloj. La reacción de todos los destinatarios ser iniciar su trabajo rápidamente.

52. Ir al núcleo:
Los educadores explicamos muchas cosas: las definiciones, las subdivisiones del tema, las aplicaciones, los fundamentos, la bibliografía, las citas, fechas, nombres... Es necesario. Pero lo más importantes es el núcleo de la actividad educativa. En caso de tener que dar muchas informaciones, es obvio que unas serán esenciales y otras serán periféricas. Y es obvio que deben quedar bien asimiladas las primeras en la mente de los alumnos, mientras que podemos prescindir de las periféricas. Si debemos motivar, no importa que la sesión tome un cauce diverso del que hayamos previsto: si la sesión resulta motivante, hemos llegado al núcleo.

El catequista encontrar la clave del éxito en tener bien claro el objetivo de su actividad. Por eso, el catequista debe tener bien resumido y escrito el contenido de la sesión. El resto es adorno. En una conferencia de un gran estudioso, alguien le preguntó: "En resumen ¿podría decirnos, en dos minutos, cuál es la información que usted desea presentarnos?". El sabio tuvo que responder: "Es imposible. Tengo siete páginas escritas a doble espacio y todo es importante...". Por el contrario, existía un catedrático que repetía frecuentemente: "Si los alumnos aprenden hoy con claridad al menos este concepto, me sentir‚ satisfecho del trabajo". La gran tentación de los educadores es explicar muchas cosas. Olvidan que los árboles grandes crecen despacio.

Por ello, cuando el catequista repasa un tema con los alumnos, debe centrarse en el núcleo y no en los detalles marginales.

53. Flexibilidad:
Hay dogmas esenciales y verdades estables que el catequista debe defender y mantener. Pero también hay verdades secundarias que pueden cambiarse. El catequista debe tener suficiente flexibilidad para variar ante los puntos secundarios, mientras se mantenga firme la finalidad de la sesión educativa. Por ejemplo, si los alumnos piden un poco más de tiempo para realizar un trabajo en grupo se les concede; si alguien sugiere un elemento no previsto para realizar la sesión y, a la mayoría le parece bien porque es interesante, se acepta; si un tema preocupa mucho a los alumnos y tiene repercusiones en su fe, se comenta...

El catequista debe convencerse de que no lo sabe todo, de que no es el mejor en todo, de que alguien puede proponer algo muy ventajoso. Aprendemos hasta de los niños. La catequesis debe ser fiel a Dios y fiel al hombre.

54. Presencia constante:
El catequista no debe ausentarse durante la actividad educativa, salvo fuerza mayor. No conviene creer que "yo lo sé todo". La búsqueda de la fe es una meta y una actividad conjunta: si el educador sale del salón mientras los demás trabajan, pierde la experiencia que ha realizado el grupo durante ese tiempo. Sería penoso escuchar: "Tu no puedes comprendernos, porque no estuviste con nosotros". Por eso, el catequista, si los alumnos inician un trabajo en grupo, debe permanecer en el salón de trabajo, aunque sea sólo paseando.

55. Economía de tiempo y esfuerzo:
Debemos seguir la ley según la cual debe buscarse el núcleo y no perderse en los detalles. Por eso, conviene que el catequista busque facilitar el trabajo de los destinatarios reagrupando propuestas parecidas o cercanas. Por ejemplo, si los alumnos dan una serie de respuestas a un cuestionario realizado individualmente o en grupos, el catequista debe recibir sus respuestas emparejándolas si tienen comunes denominadores. Así, si alguien propone el perdón como un medio de tratar a los demás, y otro propone la misericordia, el catequista debe unificarlos bajo uno de los dos conceptos. De este modo, se simplifica el trabajo y se concentra sobre unos puntos claros. Si hay muchas diferencias de opinión para reagrupar dos ideas, precisamente por ahorro de tiempo y esfuerzo, se aceptan las dos. En una sesión de un grupo de apostolado, quien escribía las propuestas de solución en el pizarrón, copiaba prácticamente las frases completas de cada proposición. Después de veinte minutos, alguien propuso: "¿No sería mejor que escribieras una sola palabra por propuesta? Al fin y al cabo, todos hemos oído la propuesta y con una sola palabra podemos recordarla...".



B. Sugerencias para lograr una buena disciplina con los niños.

Lo más importante en la catequesis no es la disciplina. Lo más importante es educar la fe. Pero, sobre todo con niños, no puede faltar obviamente una buena disciplina para lograr los objetivos educativos en cada sesión. Para lograrla, hay dos factores necesarios: la motivación y la metodología. Es decir, los niños necesitan motivación para tener la fuerza interior necesaria para autoexigirse; y una buena metodología durante la sesión facilitar su dedicación y atención para superar su fácil tendencia a la distracción y al juego. La disciplina se logra más fácilmente cuando se logra una metodología atractiva y, a la vez, motivante. Porque logra los dos resultados con un sólo esfuerzo. Es decir, la disciplina depende mucho de lo atractiva e interesante que sea la misma catequesis.

Vamos, a continuación, a ofrecer algunas sugerencias prácticas para lograr una buena disciplina durante la sesión de catequesis. Nos son recetas totalmente válidas en todos los casos. Cada catequista, cada grupo de niños, cada ambiente o comunidad, tiene sus variantes, sus circunstancias, sus momentos, etc, que exigen cambios y novedades sobre nuestras propuestas.

Estas sugerencias son la aplicación de los principios catequéticos que dirigen nuestras opciones metodológicas. Por ello, tienen un espíritu y una visión de la catequesis que permite respaldar y equilibras unos elementos con otros. Pero, ojalá que permitan descubrir elementos útiles a cada uno.

a. Consejos prácticos:

1. La oración inicial no es un acto de disciplina. La oración es un diálogo con Dios. No es un recurso para que "todos se callen y podamos comenzar en orden". El testimonio de oración sincera del catequista es más valioso que la disciplina exterior del salón.
2. Iniciar la explicación con una narración muy conectada y rica de elementos referentes a los objetivos de la sesión, pues provoca interés e curiosidad en los niños.
3. Iniciar la explicación con preguntas sobre experiencias de la vida cotidiana de los niños relacionadas con el tema, pues focaliza su mente hacia el tema.
4. Es mejor no sentarse al dictar algún texto y pasear entre los alumnos viendo lo que escriben en sus cuadernos.
5. Permancer ante el grupo mientras se explica.
6. Ejemplificar cada enseñanza. Porque los ejemplos atraen la atención.
7. Las narraciones de la Biblia, de las vidas de los santos o historias ilustrativas permiten más atención y concentración del niño y facilitan su mejor autocontrol, además de motivarle.
8. Preguntar la opinión de lo que se está tratando, sobre todo a quienes más se distraen. Pero no con preguntas que les pongan en ridículo y haciendo ver su distracción, sino con interrogantes que les exijan reflexión y expresar su parecer.
9. Los concursos atraen poderosamente y absorben todas las facultades. La disciplina de un concurso depende de estos factores:
- que la materia no sea demasiado difícil ni demasiado fácil. Es decir, respetando la justicia que no tiene preferencias por individuos, procúrese que los niños menos dotados tengan preguntas un poco más fáciles, para evitarles demasiada frustración que los llevar a reaccionar con desinterés e indisciplina.
- que las reglas del juego sean muy claras y eviten indisciplina.
- que la autoridad del catequista sea indiscutible, para evitar polémicas. Todos los árbitros se pueden equivocar.
10. Disponer de buenos libros con muchos ejercicios, para ocupar el tiempo y las facultades del niño en los objetivos de la catequesis.
11. Evitar materiales didácticos confusos o complejos, para facilitar la dedicación de los niños a sus tareas atractivas y claras.
12. Presentar las reglas del juego desde el primer día.
Expliquemos si nos molesta que nos interrumpan o no; si vamos a dar tiempo para preguntas; si dejaremos tareas; si pediremos puntualidad... Así podremos exigir las cosas después. Y, no olvidamos de decir explícitamente las motivaciones que nos han llevado a poner estas reglas del juego.
13. Poner pocas normas. De lo contrario, se cae fácilmente en el legalismo o en interminables discusiones y excusas.
14. Debemos ser exigentes sin llegar a la rigidez. Por eso, hay que ser flexibles ante elementos secundarios. Por ejemplo, no acumular castigos que pueden llegar a ser incumplibles o frustrantes.
15. Ni demasiado estrictos ni demasiado condescendientes. Ser flexibles; de todos modos, es mejor ser intransigentes al inicio y, después, aflojar. Este punto sirve, sobre todo, con adolescentes y jóvenes, pues suelen vivir mucho el reto de medir hasta dónde pueden controlar a sus educadores.
16. Hablar personalmente con quien causa problemas, pero sin gritarle.
17. Enviar una evaluación escrita, no sólo de su calificación, sino también de su participación. Exigir la firma de los papás. E incluir motivaciones positivas estimulantes.
18. Una lectura amena y educativa es un excelente recurso en momentos de tensión.
19. Cuando están muy nerviosos, puede hacerse algún ejercicio físico: poner los brazos en cruz, subirlos, bajarlos, etc, refiriéndose a posturas relacionadas con las aplicaciones del tema.
20. Los niños pequeños necesitan saber muy bien cuál es su lugar.
21. No corrijamos muchas veces un fallo. Porque ya se hace rutina y no produce fruto. Es mejor esperar el momento oportuno para, en particular, hacer ver el fallo y estimular a la superación con motivaciones.
22. En la escuela, es mejor dar la catequesis en un salón diferente del salón ordinario de clases, pues motiva y hace comprender al joven el alcance diferente de la fe para su vida.
23. Las preguntas fuera de lugar se responden después.
24. Es urgente ayudar a los adolescentes y jóvenes a superar, desde el inicio, los prejuicios que puedan tener ante la catequesis. Si la consideran inútil y aburrida... caerán fácilmente en indisciplina.
25. Hablar con franqueza y con palabras claras, expresando puntos fijos que ayudan al joven a sentirse bien tratado y estimulado a participar e involucrarse en los temas.
26. Trabajar en parejas de catequistas, para que se tenga siempre la oportunidad de una suplencia, de un apoyo didáctico, de una ayuda para la disciplina, de un estímulo de seguridad, etc.
27. Preparar las sesiones con anterioridad, para disponer de toda la energía y atención posibles al manejo disciplinar del grupo, y no perderlo ante la incertidumbre de la marcha educativa de la sesión.

b. Actitudes necesarias del catequista para manejar debidamente un grupo de niños:

1. Cariño y paciencia: los niños son niños. Y se comportan como niños. No deben extrañarnos sus reacciones. Debemos comprender su tendencia a la acción, al juego, a la comunicación, etc. Si el método no ocupa estas facultades, normalmente las emplearán en otros centros de atención extraños a la catequesis y crearán desorden.
2. No presionarles directamente, como si la sesión fuera una clase más, comparable a otras materias de escuela.
3. El ejemplo es la mejor enseñanza silenciosa.
4. Amar la catequesis para transmitir la estima e interés por la fe en los mismos niños.
5. Estar dispuestos a ser verdaderos educadores de la fe, convencidos del compromiso de la propia vocación bautismal.
6. Ser conscientes de que nuestros gestos pueden ser testimonio del amor y bondad de Dios, o de la indiferencia o del egoísmo.
7. Prepararse. Los cursos de formación son insustituibles.
8. Tener la generosidad en el tiempo. Si damos migajas del horario a la catequesis, nunca lograremos un nivel bueno.
9. Fomentar la armonía con otros catequistas. De lo contrario, nuestras ansiedades y conflictos saldrán a relucir inconscientemente.
10. Nunca realizar la catequesis para quedar bien, sea ante otros o ante uno mismo. Porque daremos importancia a lo que no la tiene. Y los niños percibirán por dónde pueden escaparse del compromiso ante la exigencia de esfuerzo.
11. Ser ejemplo de puntualidad, buen trato, modo de pedir las cosas, etc. Si no lo logra, los niños no harán caso de sus llamadas al orden.
12. Sentir y vivir fuertemente el mensaje permite al catequista presentarlo más motivador y atractivo.



C. Sugerencias para la educación cristiana de los adolescentes.

Ofrecemos unos consejos para la catequesis con adolescentes. Vamos a presentarlos bajo dos aspectos. Primero, para el trato y educación de su fe, sobre todo en familia. Segundo, para el trabajo en un salón de clases o en un curso parroquial.

a. Sugerencias para la educar la fe del adolescente en el marco familiar.

Nuestros presupuestos metodológicos ven al adolescente con una actitud habitual de rechazo de sus educadores, pues, aunque admire a algunos, no los acepta normalmente. Su disposición de desprecio hacia cuanto viene de ellos pide reforzar todos los mecanismos que favorezcan la transmisión de valores más indirectamente.


1. Regalar un buen libro sobre la fe para jóvenes.
Con la llegada de la adolescencia, nacen muchas dudas. Un buen libro puede resolver muchas. Pero que sea adaptado a la mentalidad de la edad.

2. Fomentar buenas polémicas religiosas en clases, reuniones y sobremesa.
De este modo, se puede introducir temas que, de por sí, es difícil crearles interés. Cuando aparezcan temas que desconocemos, recomendemos que pregunten a un sacerdote o demos un libro que aclare el tema.

3. Preguntarles sus opiniones sobre temas religiosos.
Es un modo muy sencillo de tratar los temas educativos de la fe, sin caer en los sermones.

4. Para dar criterios, demos datos en vez de sermones.
¿Por qué la Iglesia tiene riquezas? ¿Por qué la Iglesia no acepta el divorcio? ¿Por qué los sacerdotes no se casan? Más que muchas explicaciones, servir decirles que la Iglesia Católica tiene un presupuesto mayor de ayuda a todo el mundo que para el Estado Vaticano. O exponerles las desventajas que tienen los hijos de matrimonios separados. O calcular las horas que un esposo debe dedicar a su hogar, privándole de servir más a los demás.

5. Narrar por qué hemos conservado la fe.
Los adolescentes rechazan a sus educadores y sus cosas. Pero un sincero testimonio de fe siempre deja una huella profunda. Narremos nuestras experiencias con sinceridad y espontaneidad.

6. No cortarles las alas cuando les entre la vena mística.
Los adolescentes son muy soñadores. Dios es importante para ellos. Su romanticismo les facilita abrir el corazón a la experiencia religiosa. Una ironía sobre su interés por lo espiritual los puede arruinar.

7. Facilitar que asistan a algún retiro espiritual.
Facilitar es, para los papás, darles libertad para acudir, pagarles los gastos... Para el educador es no imponérselo, porque lo rechazaría violentamente. También podemos favorecer que algún amigo o conocido sea quien le invite, no sea que lo rechace solamente por venir de los educadores. Si lo logramos, ser la mejor aportación que hagamos a su fe en esta etapa de su vida.

8. Vacunarles contra las sectas.
Hay varias comunidades en la única Iglesia de Cristo que son agresivamente proselitistas, con métodos no siempre correctos. Hay cuatro grandes vacunas contra estos virus de la moda religiosa:
- La devoción la Virgen de Guadalupe.
- La convicción de que la Biblia no se interpreta fácilmente y, menos aún, lejos de quien tiene la garantía del Espíritu Santo para hacerlo, es decir, del Papa y de los Obispos.
- La sinceridad para conocer y vivir la propia fe antes de buscar otras opiniones.
- La vigilancia para no dejarse arrebatar la fe por lobos con piel de oveja, que critican a la Iglesia Católica en vez de practicar la caridad o fomentan la división en vez de la unidad, según nos recomendó Cristo.

9. Nunca critiquemos otra religión ante ellos.
Sería descuidar el precepto de la caridad y caer en el juego de quienes se han separado del tronco inicial que Cristo sembró. Esto no quita que seamos claros para exponer las carencias doctrinales y de método que tienen otras religiones o comunidades de hermanos separados respecto al mensaje evangélico.

10. Repitamos muchas veces que descubra al Dios verdadero.
Repetirlo, para que no le gane la tentación de hacerse un Dios y un cristianismo a su medida.

11. Más que discutir, respetemos sus ideas. Y recordémosles lo que creemos.
Si el adolescente tiene ideas diferentes a la fe, nada ayuda corregirle o echarle en cara su error. Es mejor expresar nuestra convicción en la doctrina del Evangelio y de la Iglesia.

12. Comentarles lo que sentimos al frecuentar los sacramentos.
Así se logra que reflexione sobre la dimensión vivencial de los sacramentos. Porque el testimonio arrastra. Pero no le demos muchas explicaciones. Más bien, narremos nuestros sentimientos.

13. Rezar en familia o en grupo.
Hay que invitar al adolescente a que participe en las oraciones de la familia o del grupo. Es muy probable que se rebele y no quiera hacerlo. Aunque sólo lo haga por llevar la contraria. Si bien se puede dejar de insistir para no caer en imposiciones ineficaces, después hay que buscar momentos para platicar en particular sobre las ventajas e inconvenientes de rezar comunitariamente. Conviene, sin embargo, insistirle serenamente: "Si no quieres rezar, por lo menos acompáñanos: eres miembro de la familia como los demás".

14. Facilitarles una plática con algún sacerdote conocido.
Asegurarnos de que el sacerdote sabe tratar a los adolescentes. De lo contrario, la mala experiencia puede tener resultados contrarios al deseado.

15. Comentar las buenas y malas experiencias en el trato con los sacerdotes.
La relación con el sacerdote toca la característica más profunda de la vida cristiana: Dios llega a salvarnos por medio de la Encarnación. Es decir, así como Dios se hizo presente en este mundo tomando la forma de carne y vida humana, así hoy se nos hace presente por medio de representantes humanos. Pero, como para los fariseos, nosotros podemos escandalizarnos hoy de que Dios se manifieste en la limitación de lo humano. Por eso, ayuda mucho a l adolescente escuchar buenas y malas experiencias del trato con los sacerdotes. Así los ver con los ojos de la fe y con los ojos de la comprensión humana.

16. Motivarles a que no sean conformistas en su apertura ante Dios.
Siempre podemos dar más a Dios. Siempre merece Dios más de nuestra parte. Nunca podemos decirle que "ya le hemos dado suficiente".

17. Agradecer a Dios, en su compañía, todas las cosas que podamos.
El agradecimiento es desinteresado. Orar para pedir algo es común. Pero orar para agradecer, ayuda al adolescente a ampliar su visión de la oración y del trato con Dios.

18. Recordarles que deben sentirse orgullosos de recibir el perdón de Dios.
Los pecados suelen deprimir al adolescente. Sobre todo cuando se esfuerza sinceramente por no caer en ellos. Si frecuenta los sacramentos, puede considerar que abusa del perdón de Dios. Es entonces, cuando pesa mucho el recuerdo de que la misericordia de Dios no tiene límites. A Dios le gusta perdonarnos. Y nosotros debemos sentirnos orgullosos de tener un Salvador con generosidad desinteresada.

19. Demostremos con la vida que es importante ser dócil a Dios.
La docilidad es el grado máximo de santidad cristiana. Porque equivale a dar preferencia constante y completa a Dios sobre cualquier cosa. Por eso, nuestro ejemplo al aceptar los dolores y alegrías que la vida ofrece con igual gozo y esfuerzo, motiva al adolescente a percibir que si "Dios nos lo dio y Dios nos lo quitó, bendito sea el nombre del Señor".

20. Favorecer que pueda participar en actividades de apostolado juvenil.
Cuando damos, nos enriquecemos doblemente. Y la experiencia muestra que más recibe quien da que quien recibe.

21. Apoyarles cuando quieran hacer un acto de caridad o de servicio.
Los educadores podemos ayudarles con nuestra admiración y apoyo. Los papás pueden ayudarles también con dinero. Les ayuda la alabanza. Les ayuda facilitarles permiso para un horario adecuado, prestarles instrumentos...

22. Recordarles más las bondades de Cristo que sus castigos.
El castigo motiva basándose en el temor. La bondad motiva apoyándose en el agradecimiento y en la atracción que provoca el valor del bien. Conocer todos los bienes que Cristo me da, motiva más que otros mecanismos, porque se basa en el amor.

23. Ponerles metas altas en su entrega a Dios.
Los jóvenes son idealistas. Los jóvenes luchan. Si se les pide mucho, dan mucho. Si se les pide poco, dan poco. hay que proponer metas altas, más sacrificio, más generosidad, más servicio, más fe.

24. Dar pocas explicaciones, pero sólidas.
Es obvio que los educadores deben tener buena formación para dar explicaciones. Muchos pueden renunciar ante el obstáculo. Pero sería escapar de la realidad. Si nos interesa su buena formación, debemos hacer un esfuerzo: leer buenos libros de la doctrina católica, asistir a un buen curso de capacitación...

25. Provocarles fuertes experiencias religiosas.
Puede ser llevarles a un convento de clausura para conversar con los monjes o las religiosas, realizar alguna misión de evangelización, visitar un seminario, asistir a una audiencia con el Obispo, participar en una peregrinación, tomar parte en un programa de apostolado o de ayuda caritativa...

26. Hacerles gustar del sacrificio.
Hay educadores que sistemáticamente tratan de evitarlo. Les quitan reciedumbre y fortaleza. No estamos proponiendo un estilo maniqueo o masoquista de la vida. Sabemos que el sacrificio no da placer. Pero sabemos que el sendero de la vida tiene tramos de dolor. Y sólo quien aprende a caminar por el camino estrecho y a pasar por la puerta angosta, puede llegar más alto. Para que lo gusten, deben crecer en su espiritualidad y en sus motivaciones. Porque no se trata sólo de tener aguante.

27. El sacrificio motivado de cada viernes fortalece su cristianismo.
La Iglesia Católica establece que todos los Viernes de años son días de penitencia, por cuanto se recuerda el día de la pasión de Cristo. Todos estamos obligados a vivir esta penitencia con algún sacrificio: no tomar carne, hacer una oración especial, privarnos de un gusto, hacer una limosna... Es obvio que este sacrificio habitual forja una personalidad recia y sólida en el alma. Comentarlo y aprovechar las ocasiones de aplicarlo con los adolescentes, les deja mucha huella, aunque repelen.

28. Educarles a no llamar demasiado la atención.
El adolescente trata de llamar la atención para acentuar su personalidad y reforzar su independencia. No es malo. Pero suele exagerar. En esos casos, más que corregirle, podemos recordarle el valor de la humildad. Es decir, el valor de presentarnos como somos. Ni más ni menos. Pero determinados colores, determinadas modas... ¿Expresan lo que somos o esconden y cambian nuestra personalidad?

29. Ayudarles a que se hagan desprendidos.
El adolescente es generoso. Y, al mismo tiempo, egoísta. Podemos aumentar ambas cosas, incluso sin darnos cuenta. Para formarles mejor, recordemos que la caridad es amar como Dios ama. Es un estilo de amor tan elevado que nos exigen mucha generosidad. Y generosidad es dar más de lo que el otro merece. Porque dar lo que el otro merece es solamente justicia. Pero la caridad va más allá de la justicia.

30. Fomentarles actitudes de entrega a Dios, aunque no se consagren a Dios.
Es claro que Dios merece la entrega total de todos nosotros. Pero esta entrega no la tenemos que realizar de igual manera. De todos modos, debemos educar al adolescente en que siempre puede dar más a Dios. Es posible que este principio mueva a alguno a querer darle toda la vida por la consagración religiosa o sacerdotal. Pero todos debemos vivir la prioridad del amor a Dios sobre todas las cosas.

31. Al que quiere consagrarse a Dios, una caricia y una bofetada.
Darle primero la caricia de la alabanza y la admiración por su buena disposición. Así le motivaremos y reforzaremos la vocación que germina en su corazón. Después, darle la bofetada, exigiéndole que sea realista. Es decir, hacerle ver que esa vocación es exigente y sólo para quienes tienen buenas capacidades de generosidad y de lucha. Así equilibraremos la postura de no empujarle demasiado ni de obstaculizar su horizonte.

32. Ser enérgico ante la mentira y la falsedad.
No hay que humillar al adolescente con recriminaciones. Mucho menos en el momento en que su falla queda al descubierto. Pero hagámosle ver con crudeza la cobardía de la mentira. Y apliquemos un castigo fuerte que recalque la importancia de la falsedad.

33. Corrijamos más una hipocresía que mil debilidades.

34. Recordarles las normas morales, pero dando siempre razones.
Toda norma existe para proteger un valor. La persona se educa con convicción cuando sabe qué valores obtiene si cumple las normas. Si sólo recibe leyes y desconoce a qué destino le conducen, cae en el legalismo y el farisaísmo. Y, en cuanto pueda, se librará de esas leyes meramente opresoras. ¿Cómo superar estas malformaciones? Explicando los valores que aporta cumplir cada norma.

35. Ser comprensivos ante sus errores.
Comprender es darnos cuenta de lo que sucede en el interior del otro. Tengamos en cuenta que, en la vida del adolescente, encontraremos dos tipos de errores: los que no dejan huella y los que tendrán serias repercusiones. Debemos preocuparnos de los segundos y no dramatizar los primeros. Por eso, ante los fallos importantes, hay que intervenir con decisión: Decirles que comprendemos que les sucedan, pero que no los aprobamos. Y decirles las razones de nuestro rechazo, breve y firmemente.

36. Nunca reprocharles sus ignorancias religiosas: instruyámosles.

37. Para que no tengan envidia de quien peca, recordémosles los valores del Evangelio.
A todos nos llega la tentación de querer abandonarnos por el sendero del pecado, del capricho, de la aventura inmoral... El cristianismo nos resulta entonces pesado. El adolescente siente muy fuerte la atracción del sexo y de la libertad. Pero la fe le pide cumplir con la virtud de la castidad y con el mandamiento de la obediencia. Encuentra compañeros que dan rienda suelta y despreocupadamente a sus estímulos. Y le llega la tentación de... que es mejor vivir sin la fe. En esos momentos, ayuda mucho recordar que "¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma? O ¿qué podrá dar el hombre a cambio de su alma?".

38. Si tienen confusiones, acláralas cuanto antes.
La oscuridad provoca tropiezos. A veces, irreparables. La luz es siempre buena guía. Pero no demos sermones: recordar el principio: hay que dar la motivación oportuna. Y no insistir hasta la próxima oportunidad.

39. Ayudarles a distinguir una norma de un principio.
Principio es una regla general y abstracta. Por ejemplo: "Hay que hacer el bien y evitar el mal". Norma es una regla directa y concreta. Por ejemplo: "Las relaciones sexuales fuera del matrimonio son inmorales". Esta distinción es importante, porque los principios no tienen excepciones, mientras que las normas sí. Por ejemplo: nunca podemos dejar de hacer el bien o de evitar el mal. Pero, en caso de violación, la persona violada no ha cometido ninguna inmoralidad... La moral, como se ve por estos ejemplos, es complicada. Y lo que más ayuda al adolescente es tener los principios muy claros. Así podrá dar luz a las variadísimas situaciones que se presentan para cumplir las normas morales.

40. Romperles lo mal hecho. Y decirles por qué.
El adolescente es libre. No podemos hacer de él lo que queramos. Es propietario de lo que construye; por eso, debemos respetar lo que haga. Pero debemos educarle. Y si le acostumbramos a que haga mal las cosas, le deformamos haciéndole conformista. Por eso, si hace la tarea superficialmente y mal; si hace a medias un dibujo siendo capaz de realizarlo bien; si tiende la cama a medias por no esforzarse... No hay dudas: rompemos la hoja de tareas, rompemos el dibujo, deshacemos otra vez la cama y le decimos: "Tienes que superarte. Eres capaz de hacerlo bien. Nunca te conformes con lo mediocre".

41. Si les encontramos algo indebido, obligarles a destruirlo delante de nosotros.
¿Tienen una revista pornográfica o un video inmoral? Con energía y decisión: ahora mismo. ¿Que es de un compañero? Deben aprender a responsabilizarse de sus malas acciones. Si la policía les encuentra con droga, ¿responderá "me la dio mi amigo?". Y que lo destruya ante nosotros. No sea que luego caiga en la tentación de "por esta vez...".

42. Mantenernos firmes aunque traten de chantajearnos sentimentalmente.

43. Decirles por qué es mejor ser castos que libertinos.

44. Ponerles el ejemplo de Cristo cuando deban subir un escalón.
Es una motivación fuertísima. Porque la esencia de la vida cristiana es seguir a Cristo. Por eso, cuando se sientan decaídos, con temores y sin fuerzas, recordar que "Cristo ha dado su vida por mí. ¿Qué voy a hacer yo por Él?".

45. Si descuidan la justicia, exigirles que reparen el mal hecho.
¿Robaron algo? Que lo devuelvan. ¿Hablaron mal de alguien? Que reparen el mal hecho difundiendo una buena opinión de esa persona.

46. Si están alterados, no corregirlos hasta que se calmen.
Esperar. Cuando estamos nerviosos o golpeados, no captamos con tanto razonamiento y realismo que al estar tranquilos. Si debemos corregir algo mal que ha hecho, esperemos unas horas o un par de días. Entonces, con calma y serenidad, le hacemos ver el error que debe corregir.

47. Si están decaídos, consolémosles dos veces.

48. Facilitarles diversiones que les eduquen y satisfagan.
Los deportes, las actividades culturales, los pasatiempos que les gustan y cultivan su personalidad. Son inversiones muy productivas. Porque si no tienen espacios para su desahogo y expansión, pueden buscarlos en la inmoralidad.

49. Dios merece que le dediquemos un tiempo a la semana.
¿Por qué ir a Misa los domingos? La semana tiene 174 horas. La Misa dura menos de una. ¿Podemos omitir este 0.45% del tiempo semanal y no dedicárselo a Dios?

50. Invitarles a confesarse mostrando las ventajas que obtendrán.
¿Cuáles ventajas tiene confesarse?
- Nos libera del remordimiento que nace de nuestros fallos conscientes y deliberados.
- Materializa nuestra reconciliación con la comunidad, a quien ofendimos con nuestra debilidad.
- Nos acerca a Dios, presente en el misterio del sacramento.
- Nos permite que nos den consejos personalizados a nuestra situación interior.
Cuesta la confesión. Por eso, ayudar a conocer los frutos que trae y buscar un buen sacerdote es facilitar el mal trago de la medicina.

51. Invitarles a que comulguen en los aniversarios del año.
No ayuda presionar para que se acerquen a la Comunión. Pero podemos facilitárselo si le invitamos a que comulgue con los papás en el aniversario de su boda, en el día de su bautismo, el de su santo, en Navidad...

No decirles cuáles son sus pecados.
No recordarles constantemente sus fallas que conocemos, no interrogarles inquisitorialmente, no decirles todo lo que tienen que hacer para confesarse... Decirles que deseamos para él lo mejor. Y que también Dios espera de él un acercamiento.

53. Aceptarme tal como soy.
Los educadores son los primeros que deben apreciar la importancia de aceptarse como son y no vivir superficialmente. Porque si no, los adolescentes seguirán sus pasos. Aunque los educadores traten de ocultar su inclinación.

54. Ayudarles a encontrar héroes en la Biblia.
Es la pedagogía del modelo. Los adolescentes se forjan ideales y los personifican. Si estos modelos los encuentran en la Biblia, les estamos favoreciendo el acercamiento a la Palabra de Dios. Para lograrlo, podemos comentar con ellos algunos personajes y preguntarles: "¿Crees que tiene actualidad esta personalidad?".
Autor: J. Salvador Hernández 
Fuente: Catholic.net